Después de más de un año de obras se anunció la conclusión de las labores de rehabilitación del centro de Coyoacán, que incluyeron, entre otras cosas, la remodelación de la Plaza Hidalgo, el Jardín Centenario, del Atrio de la Parroquia San Juan Bautista y las quejas de muchos vecinos y comerciantes.
De acuerdo con información del Gobierno del Distrito Federal, los trabajos se hicieron en tres fases y comprendieron, en la etapa uno, la sustitución de 943 metros de tubería de agua potable, 620 metros de tubería de agua tratada y dos mil metros de cableado.
En la segunda etapa se realizó el cambio de 11,084 metros cuadrados de carpeta asfáltica por concreto hidráulico estampado y la colocación en las dos plazas de piso con piedra negra recinto y piedra roja pórfido en una superficie de 12,000 metros cuadrados.
La tercera fase que inició en febrero de 2009, consistió en la colocación del nuevo mobiliario urbano que incluyó el cambio de 122 postes coloniales, 244 arbotantes, 330 bancas de fierro colado, 160 bolardos y la remodelación del kiosco central.
Los trabajos de rehabilitación fueron realizados por la Secretaría de Desarrollo Urbano del Gobierno de la ciudad, en colaboración con el Instituto de Antropología e Historia y la delegación Coyoacán.
Para María Salazar, vecina de la zona, “todo esto resulta muy bien, aunque en todos los trabajos hechos por la delegación no se nos tomó en cuenta como residentes del área”.
María además piensa que debido a esa falta de consulta también se perjudicó a los locatarios formalmente establecidos, “pues la presencia permanente de las obras originaron la baja de sus ventas”.
Por su parte, el jefe de la Oficina de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, René Cervera García, declaró que para desarrollar este programa de rescate “se abrieron canales de diálogo, cooperación y respeto entre los vecinos, comerciantes establecidos y artesanos”.
Fue así como la delegación decidió reubicar a los comerciantes en una nueva plaza llamada Bazar Artesanal Mexicano, el cual ha generado simpatías, antipatías y que los comerciantes que no lograron entrar en ella comiencen a colocarse en las calles de Aguayo, Allende e Hidalgo. Asimismo, todavía hay 300 artesanos que se muestran renuentes a entrar en esa plaza y se encuentran en negociaciones con la delegación.
Juan Luis Estrada, vecino de la calle de Hidalgo, comentó que la presencia de puestos de comida en su calle empezó a proliferar desde que empezaron las obras de rehabilitación y que continúan. Además, agregó, “tapan la vialidad y hacen que la gente tenga que caminar por la calle”.
Aunado a ello, Juan Luis explicó que otro problema que persiste son los franeleros en las calles que circundan el centro de Coyoacán, “pues la delegación se había comprometido a regularlos y no ha pasado nada”, continuó, “sienten que la vía pública es suya y los fines de semana llegan a cobrar hasta 30 pesos por estacionarse”.
Daniel Adams Razo, visitante frecuente del centro de Coyoacán, no le agrada tanto la medida de reubicar a los comerciantes y artesanos, pues declara que “lo padre de venir era encontrarte con toda la romería y caminar entre los puestos, era parte del encanto del lugar, aunque también luce bien toda limpia”.
Finalmente, valdría la pena preguntar si en el rescate de las plazas de Coyoacán no se contempló que los restaurantes ubicados ahí, tal como lo recomendó el INAH, quitaran sus estructuras de metal, que aún están y que privatizan una parte del espacio público recuperado.
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