Un sitio para ir a correr, caminar o simplemente pasear es la idea predominante que la mayoría de los capitalinos tienen sobre el Bosque de Tlalpan, ubicado al sur de la Ciudad de México.
Su origen se remonta a la erupción del volcán Xitle, cuya lava cubrió aquella parte de la capital. Varios años después, la fertilidad del suelo permitió que surgiera la zona boscosa.
La flora que se puede encontrar en este lugar son el Paloloco, encinos y cactáceas principalmente, aunque también una gran cantidad de eucaliptos, que fueron sembrados por los dueños de una fábrica de papel que se localizaba a principios del siglo XX en el área de Peña Pobre.
Roberto Álvarez, presidente de la asociación “Corredores del Bosque de Tlalpan”, comenta que éste se ha erigido como un lugar de encuentro y de convivencia en la ciudad.
“Hay gente que tiene más de 30 años yendo a correr al Bosque. Por ello, nosotros organizamos diversas actividades como la Carrera del Día del Padre, la cual es uno de los medios maratones más importantes del DF, pues han llegado a participar hasta 11,000 personas”, asegura el entrevistado.
De acuerdo con datos de la delegación, el Bosque es concurrido por 4,000 personas a la semana y durante sábados y domingos puede llegar a tener una afluencia de hasta 6,000 visitantes.
Asimismo, está fuera de la categoría de parque público, ya que desde hace dos años y medio se denominó Área Natural Protegida, lo que significa que debe tener un cuidado especial por el ecosistema que ahí existe.
El Bosque de Tlalpan está abierto al público desde 1968 y tiene una extensión de 253 hectáreas, lo que significa que es ligeramente mayor a la primera sección del Bosque de Chapultepec y más grande que la Reserva Ecológica de la UNAM.
Se ubica en el Camino hacia Santa Teresa y tiene un horario de 5:00 a 17:00 horas.
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