Últimamente al salir a las calles y espacios de convivencia me encuentro con actitudes de falta de respeto, intolerancia y egoísmo, tanto entre ciudadanos, como hacia nuestros espacios- calles con basura y heces caninas que “alguien” olvidó recoger, claxonazos, insultos, mal humor, estrés, coches aventándose a peatones y ciclistas, peatones arriesgando su vida corriendo a mitad de la avenida, personas esperando indefinidamente que alguien les ceda el paso, etc.
He escuchado a varias personas, tal vez tú entre ellas, opinando que “esto cada vez esta peor, que no vamos a cambiar o que la gente ya no cambia”. ¡Cómo que no cambiamos! Si eso es lo único seguro que tenemos: el constante cambio.
Yo estoy convencida de que esto sí tiene una solución, y en gran medida depende de nosotros, de los que vivimos, respiramos y nos movemos en esta ciudad (o cualquier otra).
Una manía, que no sé si es muy chilanga o también suceda en otras ciudades de México o del mundo, es que nos es muy fácil quejarnos, del gobierno, del vecino, del policía, del semáforo, del de la basura, del microbusero, de la doña de camioneta, del gandalla que no deja pasar, etc, etc, etc. Nos quejamos como grandes expertos echándole la bolita al otro. Como diría mi abuela “vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro”. Desde mi sentir, esto es parte importante del problema, le echamos la bolita a los demás y no asumimos nuestra parte de responsabilidad.
¿Y si más que estar viendo hacia afuera, al otro, hacemos una verdadera y honesta reflexión de cómo son nuestras acciones y actitudes que están contribuyendo a este caos?
Sé que seguro te sientes tentado a responder –“pero, si yo si lo hago bien. Sí soy consciente, sí uso la bici, sí respeto, yo estoy bien, los demás están mal”.
Ahora con todos los conocimientos de la física cuántica y tantas filosofías que hablan del poder de cada acción y de que cada uno de nosotros contribuimos a nuestra realidad, que yo estoy creando mi realidad, la realidad no es algo que solo me ocurre. Bueno, pues podemos reflexionar que tal vez si tu mundo, tu ciudad, tu calle, tienen problemas, seguro TÚ has contribuido, ya sea consciente o inconscientemente.
La propuesta que lanzo, no sólo a ustedes, sino a mí misma, que pueden tomar, rechazar, discutir, comentar, proponer alguna otra, es que en verdad tú, yo y todos hagamos un verdadero auto análisis de nuestro comportamiento hacia el otro y hacia nuestro entorno en nuestra convivencia cotidiana, preguntándonos, ¿Cuál de mis acciones o actitudes puede estar contribuyendo de manera negativa a mi convivencia, movilidad y medio ambiente?
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