Aunque parezca peligroso, ciclistas y autobuses de transporte público pueden compartir espacios reservados en las calles de la urbe, a pesar de la diferencia de potencia y tamaño de ambos vehículos. Así ha sucedido en varias ciudades del mundo con los llamados carriles “bus bici”.
Por medio de estas iniciativas, se permite a ciclistas el uso de los carriles de autobuses, a cambio de ampliar el espacio por donde circula el transporte público y garantizar así su seguridad. El resultado práctico es una mejora apreciable de las condiciones de tráfico de ambos vehículos.
Como ejemplo de lo anterior, se puede mencionar el caso de Berlín, Alemania, en donde la adaptación de los carriles bus al uso compartido por el transporte público y los ciclistas fue generalizada en toda la red de carriles de autobús. Con ello se demostró que lejos de disminuir la calidad del servicio de transporte, hubo un aumento del respeto y la coexistencia entre los conductores de autobús y los ciclistas.
De acuerdo con el documento titulado “Manual para la construcción de una infraestructura ciclista amigable” del Centro para la Investigación y la Estandarización en Ingeniería Civil y del Tráfico de Holanda, en general, tanto en ciudades europeas como norteamericanas, se ha comprobado que la mayoría de los carriles bus bici han funcionado, siempre y cuando dichas líneas de tráfico dispongan de un ancho suficiente, de acuerdo con los manuales de aproximadamente 4.2 metros.
En el caso de la Ciudad de México, a pesar de que todavía no se cuenta, de manera formal, con este tipo de infraestructura, algunos ciclistas ruedan por los carriles confinados para las rutas de Trolebús y Metrobús.
Arturo Valeriano, quien es ciclista urbano, utiliza constantemente los carriles del Corredor Cero Emisiones en el tramo de Taxqueña a Río Churubusco.
“En general es una buena opción irse por ese carril pues te da mayor seguridad, aunque en el trayecto que yo lo uso, a diferencia del Eje Central, algunos microbuseros se siguen metiendo y no son muy corteses con los ciclistas”, comentó el entrevistado.
“La experiencia ha sido buena”, continúa Arturo, “aunque las vueltas a la derecha son peligrosas, porque los automovilistas no nos respetan mucho”.
Por otro lado, el también estudiante de la UNAM comenta que lo más adecuado para circular por el carril del trolebús es irse en medio, pues si se circula pegado a la banqueta existe el riesgo de caer en un bache o en una coladera.
“Creo que la mejor alternativa es que las autoridades locales amplíen los carriles confinados para los autobuses, porque actualmente sólo cabe el trolebús y a veces te tocan el claxon para que te quites”, expresó Arturo.






