El pasado 2 de agosto, trabajadores y retroescavadoras dieron inicio a la construcción de la Supervía Poniente de la Ciudad de México, un hecho que al materializarse, trae consigo múltiples inconformidades, opiniones encontradas y quejas por parte de diversos sectores de la población
Cuando se dio el banderazo de inicio, Fernando Aboitiz Saro, secretario de obras y servicios del Gobierno del Distrito Federal (GDF), indicó que esta obra “no estaba a discusión y tiene que concluirse, debido a los múltiples beneficios que tiene para todos los que circularán por ella. Se concluirá en diciembre de 2012 y será usada por 80 mil personas diariamente”.
Asimismo, el entusiasmo por este proyecto no queda ahí, pues según datos de las autoridades capitalinas, con la nueva infraestructura vial se ahorrará 75 por ciento de los tiempos de traslado y se disminuirá el tráfico en otras arterias como Centenario, Las Águilas, Vasco de Quiroga, Santa Lucía, Reforma y Constituyentes.
Sin embargo, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) determinó que no se ha explicado claramente cómo la Supervía es una opción que contribuya a la sustentabilidad de la ciudad y a su movilidad. Por otro lado, personal de la dependencia también indicó que no se ha evaluado el impacto que producirán los puentes que se erigirán en las barrancas.
Con respecto a las opiniones de los ciudadanos, las posturas son divididas, pues vecinos de la colonia San Jerónimo Lídice hicieron una encuesta a 1,396 personas en las delegaciones Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo, en donde se reveló que 74 por ciento de las personas están de acuerdo con la construcción de la Supervía, mientras que 26 por ciento dijo estar en contra.
En contraste, Francisco López, representante del Frente Amplio contra la Supervía, dijo que dicha iniciativa “provocará una urbanización no deseada en áreas de conservación ubicadas en San Bernabé Ocotepec y San Nicolás Totolapan”.
Además, continuó López, “este es un modelo de crecimiento horizontal de ciudad, que trae más afectaciones que beneficios, pues además del tráfico que se va a generar, se va a poner en riesgo el río Magdalena y la zona boscosa que ayuda a filtrar el aire contaminado”.
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