Desde el pasado 30 de agosto, de 6:30 a 10:00 horas, los carriles centrales de Río San Joaquín, en la Ciudad de México, operan de oriente a poniente, es decir, de Periférico a Mariano Escobedo. La medida tiene la intención de dar mayor fluidez a los vehículos que provienen del Estado de México y del recién inaugurado Viaducto Elevado, sin embargo, ya se ven actualmente algunos indicios de congestión, que en el corto plazo, se volverán el dolor de cabeza de miles de automovilistas, sin ofrecer una solución real de movilidad.
En un recorrido hecho por Transeúnte junto con Roberto Remes, director de transporte público del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP), se comprobó que en la mayor parte de Río San Joaquín hay un avance constante de los vehículos, aunque en donde confluyen todos los carriles, a la altura de Lago Alberto, se hace un nudo de automóviles que pareciera inevitable.
“Esta no es una medida que vaya a servir en el largo plazo”, opinó Remes, “pues muchos de estos coches vienen del segundo piso del Periférico que se acaba de inaugurar y en la medida que se aporten más coches al tránsito, se va a congestionar más”.
Asimismo, paulatinamente se incrementa la demanda de tarjetas electrónicas de acceso al Viaducto Elevado, en el Estado de México, ya que en las últimas dos semanas, la venta pasó de 50 mil a 60 mil, de acuerdo con información de la empresa OHL, quien maneja esa vialidad.
Por otro lado, el representante de ITDP comentó que se implementó de manera adecuada el carril reversible, pero no dejó de insistir en que es una solución pensada en la movilidad de los coches.
Sumado a ello, se tuvo la oportunidad de comprobar que algunas de las calles aledañas a Río San Joaquín como Lago Rodolfo, así como su lateral, presentan alto congestionamiento, debido a la puesta en marcha del carril reversible.
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