El “viene viene” se transforma en Política Pública

Escrito por Transeúnte, el 26, julio, 2011

Señalización sobre el papel del impulsador

Por Mariana Orozco – @morozca

Hoy en día, adquirir y mantener un automóvil en nuestro país se puede percibir como una acción relativamente sencilla. Gracias a las comodidades que ofrecen los enganches mínimos y los pagos menusales, muchos ciudadanos han migrado su gasto diario desde el transporte público hacia el auto privado.

Ante la ausencia de instrumentos de gestión de circulación y estacionamiento del coche, los índices de motorización en las urbes aumentan a la par de las exigencias por mejorar su movilidad; así, la mayor parte del presupuesto público en las dependencias de desarrollo urbano se destinan hacia la construcción de infraestructura, como vías y estacionamientos, para dar espacio a estos vehículos, sin darse cuenta de que la oferta atrae a la demanda, saturando rápidamente lo construido.

En México, aún no existen instrumentos disuasivos de la propiedad privada en materia de automóviles, lo que se traduce -en este caso- en un incentivo de su uso, en un mayor número de kilómetros recorridos en ellos, en una mala calidad del aire que respiramos y en un impacto cada vez más fuerte en la calidad de vida dentro de las ciudades mexicanas, debido a los conflictos de cogestión circulatoria.

Un impulsador en persona

Espacios públicos y privados son transformados en estacionamientos, lugares grises que pretenden solucionar la problemática y terminan albergando a los vehículos por horas, sin acercarse someramente a la solución. Por estas y otras razones, resulta necesario implementar reglas claras y medidas físicas que reduzcan la dependencia al automóvil privado y estimulen el uso de otros modos de transporte, más humanos, más limpios y más equitativos.

En México no existe como el derecho a estacionarse, sin embargo, el acto de abandonar el vehículo en la vía pública mientras se realizan otras actividades es culturalmente aceptado y exigido, pasando por alto el bien colectivo. En la ciudad de Medellín Colombia, por poner un ejemplo, se han implementado las Zonas de Estacionamiento Regulado (ZER), un instrumento que permite realizar un cobro al usuario del automóvil debido a tal utilización del espacio público.

Indicaciones sobre la Z.E.R.

Los “impulsadores”, empleados capacitados y asalariados con prestaciones, son los encargados de realizar el cobro cada dos cuadras. Una novedosa maquina les facilita la tarea de recaudación, en ella se captura la matrícula y el tiempo de uso del espacio. De la misma manera, un supervisor evita los arreglos que pudieran presentarse entre el empleado y el usuario, y apoya la labor a través de una constante comunicación.

A través de la disuasión de los viajes en vehículo particular motorizado, de determinados usuarios -como los no residentes de esas zonas- y  la disminución de algunas modalidades de estacionamiento -como las de larga duración-, se ha mejorado la calidad del espacio urbano.

Ésta es una práctica que es resultado de un proceso comunicativo e informativo de calidad, del ordenamiento legal y una administración transparente y eficiente; es un sistema replicable que comienza a generar una cultura ciudadana respetuosa de las medidas restrictivas en la ciudad colombiana.

¿Cuándo será hora de que alguien, además del “viene viene”, regule y administre a beneficio de la gente la invasión que el automóvil realiza día a día en el espacio público mexicano?

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