La ciudad sobre el lago

Luis Zambrano

Breve panorama del agua y la ciudad

Por , @ZambranoAxolote , 29 de agosto de 2012

Se nos olvida que la Ciudad de México está en un ecosistema que necesita de las lluvias. Ese ecosistema es un lago. Este lago reacciona en tiempos más largos que los sexenios de cada gobierno y en áreas más amplias que las demarcaciones delegacionales. Por lo que es difícil entender que los problemas que le atribuimos a las lluvias, como las inundaciones o la falta de agua, vengan de una mala planeación urbana.

Un ejemplo es el desarrollo en Santa Fe, que fue promovido hace más de 20 años por Camacho Solís. Desde el inicio fue una mala idea. Los terrenos de la zona son blandos, empinados y de acceso limitado. Pero el problema más importante es que, la urbanización de Santa Fe, reduce la infiltración en el acuífero en una de las zonas de la ciudad donde más llueve. La prueba más fehaciente, es una que pocos saben: en la época de la colonia, de Santa Fe  brotaba el agua de manantial tan pura que era la que llegaba a los virreyes en el centro de la ciudad -hoy, a lo que queda de esa zona se le conoce como La Ermita del Pueblo de Santa Fe-. Ahora los edificios de Santa Fe necesitan de pipas para abastecerse.

El acuífero de la ciudad está sobreexplotado. Extraemos el doble de agua de la que se infiltra. Esta sobreexplotación repercute en la escasez de agua y tenemos que importar 30% del agua que consumimos. La delegación que más sufre es Iztapalapa, donde, constantemente se quedan sin agua más de un millón de habitantes. La sobreexplotación también produce hundimientos en toda la ciudad. Chalco se hunde cerca de 40 centímetros por año y eso provocó las inundaciones de febrero. Así, el agua de lluvia que cae en Santa Fe se va al drenaje profundo, previa inundación en Chalco, en lugar de infiltrarse para beneficio de Iztapalapa. Y cada año que pase, van a existir más zonas de inundación.

Está claro que últimamente hemos tenido inundaciones donde antes no aparecían. Es por esto, que ahora en época de lluvias, el agua se nos presenta como el enemigo. Es una tradición, así lo hemos visto desde hace más de 200 años cuando comenzaron las ideas de drenar la ciudad con El Tajo de Nochistongo. Esto no pasó desapercibido por Alejandro de Humboldt, ese gran naturalista alemán que con sorpresa vio los destrozos ecológicos en la zona boscosa y anunció sus consecuencias, que no son otra cosa que lo que estamos viviendo en la actualidad.

Puesto que el ecosistema lacustre es una compleja maquinaria con muchas piezas involucradas, Santa Fe no es la única causa de los problemas de agua en la ciudad, pero el manejo del agua en esa zona es crítico: evitar la urbanización en las pocas zonas que captan agua, debe ser una máxima en las políticas de la ciudad. Ajeno a esto, la visión sexenal del gobierno de la ciudad tiene un enfoque que ve un solo un árbol, y no el bosque entero.

La Supervía, propuesta por el gobierno y las empresas Copri y OHL, encaja en esta visión sexenal. Desde hace más de 30 años, muchas ciudades ya no construyen este tipo de vías porque su efecto positivo en el tráfico dura menos de un año, pero su efecto negativo en la ecología y la convivencia social, es más largo. Por eso, ciudades como Boston y Seúl las han destruido.

En particular, la Supervía promoverá la urbanización de áreas verdes fundamentales para la captación de agua para toda la ciudad. Y similares a la Supervía, están los planes de desarrollo de la “Biometrópolis”, en un bosque cerca de la salida al Ajusco, y “el acuario más grande de Latinoamérica”, en Xochimilco. Para este tipo de desarrollos, la Asamblea Legislativa acaba de cambiar la Ley de Desarrollo Urbano, que deja en indefensión tanto a la naturaleza como a los ciudadanos, de los voraces intereses de los desarrolladores y los líderes invasores.

Sin embargo, todas estas construcciones se disfrazan de “verdes”. La Secretaría del Medio Ambiente se ufana de que estas construcciones cuenten con pozos de captación de agua, para mitigar el efecto en el acuífero, y con invernaderos que repondrán los árboles que van a destruir. Hace unos días, el Jefe de Gobierno fue a plantar unos cuantos árboles en La Loma, bosque el sur-poniente de la ciudad, muchos de ellos sobrevivirán lo que le queda a este sexenio, pero morirán con él, por lo que podría decirse que no será problema de la actual administración, aunque sí de los capitalinos.

Además, estas supuestas mitigaciones ambientales pueden generar más problemas que soluciones. Por ejemplo, aún con filtros, los pozos de infiltración se caracterizan por ser el paso directo del agua contaminada al manto freático. Y la reforestación con plantas de invernadero producirá bosques con poca variabilidad genética, lo cual desplazará a las plantas nativas sobrevivientes, reduciendo aún más la biodiversidad de las áreas naturales de la ciudad.

Puesto que este lago sobre el que está la Ciudad de México reacciona localmente a efectos globales, ninguna medida de mitigación en estas zonas de captación será suficiente, porque ninguna ganancia económica podrá compensar los graves problemas de agua y de clima que se generarán en años futuros y se sumarán a los daños actuales. Esto empeorará con el cambio climático que produce lluvias más intensas, y sequías más prolongadas.

Por su lado, sabemos que los problemas de movilidad no se solucionan con más automóviles circulando, sino moviendo a más personas. Existen ya varios proyectos que proponen solucionar la movilidad a y en Santa Fe, utilizando transporte público de calidad.

Si queremos que nuestros hijos tengan una mejor calidad de vida aquí, los capitalinos tenemos que defender a la naturaleza de los políticos con visión sexenal, aliados con empresas desarrolladoras. Ellos nos señalan sólo un árbol, pero atrás están destruyendo todo el bosque.

Artículo re-escrito a partir de uno originalmente publicado en el periódico El Universal, el 10 de agosto del 2010.

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