Pedestre

Rodrigo Díaz

Perdiendo con mejor transporte: gentrificación

Por , @pedestre , 3 de abril de 2012

Los terrenos se están defendiendo literalmente a balazos, eso decía la crónica publicada hace algunas semanas en El Universal, titulada “El violento efecto Línea 12 en el Valle de Chalco” –publicada el 17 de febrero de 2012-. Sin papeles de por medio que acrediten la posesión del lugar donde se levantan sus modestas viviendas, los pobladores de San Miguel Las Tablas, una colonia de calles polvorientas del Valle de Chalco en la Ciudad de México, deben valerse de todo tipo de recursos para defenderse de la invasión de ávidos especuladores, que a toda costa pretenden sacar provecho del atractivo que de la noche a la mañana ganó la zona gracias a la construcción de la Línea 12 del Metro, cuya terminal estará a unas pocas cuadras del lugar. Los números hablan por sí solos: terrenos que hasta hace poco se ofrecían a 90 mil pesos en el mercado informal hoy han quintuplicado su valor, y se espera que éste siga subiendo.

La teoría dice que cuando se mejora la accesibilidad de un área de la ciudad a raíz de la construcción de nuevas vías o sistemas de transporte público -como una línea de Metro-, ésta se hace más apetecible para vivir o trabajar en ella. Cuando esto ocurre, y no hay que ser muy experto para intuirlo, el precio de la tierra tiende a subir dado el aumento de la demanda interesada en moverse para esos lados. Así, lo que eran lugares de poco valor a los cuales estaban destinados los más pobres entre los pobres, rápidamente se vuelven atractivos para sectores de mayores ingresos, quienes estarán dispuestos a pagar más por los beneficios de vivir allí. La historia es relativamente fácil de adivinar: aumenta la presión por comprar terrenos en el sector, los dueños finalmente venden, y donde había modestas viviendas aisladas comienzan a levantarse conjuntos habitacionales, generalmente en mayor densidad, orientados a sectores de mayores recursos. Se pavimentan las calles, llegan servicios de mejor calidad, mejoran el comercio y el equipamiento, se construyen parques y en general se experimenta un período de expansión económica. Es común escuchar que el lugar “mejora”, lo que puede ser cierto, pero no para todos. A muchos, cuyos bolsillos no pueden resistir el encarecimiento de la vida en el sector, sencillamente no les queda más remedio que empacar sus cosas y mudarse a un nuevo lugar cuyos bolsillos sí puedan pagar. Es lo que últimamente se ha dado en llamar gentrificación, castellanización del término inglés gentrification, término que a su vez deriva de gentry (burgués), y que se utiliza para denominar al proceso de transformación urbana en el que la población de escasos recursos es desplazada de sus deteriorados lugares de residencia por otros ciudadanos más adinerados, que llegan a ocupar el barrio luego de la valorización del mismo.

Volviendo al caso de San Miguel Las Tablas, lo paradójico de la situación es que la muy probable expulsión de los residentes originales se producirá debido a la construcción de un proyecto orientado precisamente a favorecerlos. En una ciudad donde el suelo está regulado exclusivamente por las leyes que el mercado le impone, la mejora en la provisión de servicios como el transporte público comúnmente puede  transformarse en un arma de doble filo que al final de la historia termina perjudicando a quienes se supone debiera beneficiar. Como un profesor alguna vez me dijo, la triste realidad es que en nuestras ciudades los pobres están condenados a los malos sistemas de transporte colectivo; desde el momento en que estos aumentan su calidad, inmediatamente se produce un incremento en el precio del suelo, que termina por expulsar sin ningún tipo de compensación a aquellos que no son dueños del lugar donde viven. En una ciudad donde la irregularidad en la tenencia de la tierra es una situación más o menos extendida, especialmente entre los sectores más marginados, éste es un problema mayor.

¿Puede darse la situación inversa, es decir, que el precio de las propiedades inmobiliarias baje después de la construcción de redes de transporte público? Pues sí. Ocurre generalmente cuando estas redes llegan a barrios acomodados, donde sus habitantes no sólo no ocupan el servicio, sino además lo ven como un elemento que atrae ruido, suciedad, y actividades poco deseables a sus barrios, como el comercio ambulante que tradicionalmente rodea las estaciones de Metro. De hecho, la experiencia demuestra que cuando hay alza en el valor del suelo, ésta se produce a una o dos cuadras de distancia de donde pasa el transporte colectivo, y no en las propiedades inmediatamente cercanas a su recorrido, que no resultan tan atractivas para el mercado inmobiliario.

Volviendo al tema de la gentrificación, y en el entendido que la salida de los sectores con menos recursos es un efecto indeseado del mejoramiento del transporte público, la pregunta que hay que hacerse es cómo se puede evitar. La respuesta no es tan fácil, pero siempre pasará por la intervención gubernamental para hacer frente a las carencias inherentes a la lógica de mercado aplicada sin contrapesos en la ciudad. La gestión del suelo urbano por entidades públicas, instrumentos normativos y fiscales orientados a absorber el impacto en el precio del suelo y programas sociales asociados a la implementación de sistemas de transporte público son parte de los recursos de los que dispone la autoridad para hacer frente al problema. Algunos ejemplos de estas medidas son la fijación de porcentajes mínimos de vivienda de interés social, con los que deben cumplir los nuevos desarrollos del sector, además, el establecimiento de zonas de propiedad pública donde se ofrece vivienda en renta a familias de escasos recursos, o la creación de incentivos fiscales para todos aquellos proyectos que consideren la construcción de vivienda para las familias previamente residentes. Son herramientas cuya aplicación no es sencilla, pero sí necesaria en situaciones que no pueden dejarse al completo arbitrio del mercado.

Y es que la desigualdad y la segregación también tienen su correlato a nivel espacial, que se manifiesta de las maneras más insospechadas. Tanto como técnico, el transporte público también es un tema de orden social; entenderlo de esta manera nos ayudará a tener sociedades un poco más justas e incluyentes en el futuro.

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  • Guillermina Aguilera

    La gentrificación ha existido desde que el hombre comenzó a organizar ciudades, ahora en las ciudades como el Distrito Federal, el crecimiento de la ciudad determina la movilización de los cinturones de miseria, véase caso Santa Fé. Pero esto no siempre es malo, si no se pisotean los derechos que la gente tiene sobre la tierra y se les paga un precio justo además de que, ya que siempre se requiere de grupos de personas que den servicios a las nuevas zonas, esto deriva en un beneficio económico. Finalmente muchos pueden ganar.

  • Ilia Tiago

    Aunque sea un fenómeno inherente a los asentamientos humanos y al “mercado” como regulador del valor del territorio, en esta ciudad (en las últimas décadas) las áreas más afectadas son las que mejor vocación tienen para mantener los servicios ambientales que tanto necesitamos las personas independientemente del nivel socioeconómico al que se pertenezca… suelo fértil, aire limpio. clima fresco, agua, biodiversidad… espacios recreativos… paisaje… el denominado suelo de conservación debería ser protegido por encima del mercado y de pseudo ganancias económicas que sólo benefician a las familias en una generación.