Xavier Treviño

A planear y ahorrar para el #77urbano

Por , @xtrevi , 12 de abril de 2013

Es hasta aburrido escuchar o leer a alguien que enliste casi como mantra la importancia de las ciudades y los costos en contaminación, congestión y salud que implica una mala movilidad urbana. Si hace 10 años era realmente innovador hablar de las ciudades, el espacio público y la movilidad sustentable, hoy ya todos hablan de ello, y no estamos lejos de que hasta en las telenovelas del canal 2 los protagonistas usen la bicicleta.

Y es que en el discurso si no se ha ganado la batalla, al menos se está “empatando de visitante”, lo cual, para cualquier buen aficionado a las eliminatorias directas de futbol, es claramente una ventaja, sobre todo al tener el valor más alto del gol en cancha ajena, porque viene otro partido con una oportunidad más de seguir subiendo. Pero eventualmente hay que meter los goles.

Nuestras ciudades siguen apostándole a un modelo caduco todos los días, tirando el dinero público -para inversión- en obras para la movilidad del automóvil y la urbanización expansiva -donde las distancias se hacen más largas-, lo que a su vez cree justificar más obras para el automóvil, en un círculo vicioso de motorización y expansión urbana de alto costo para el país, en especial para los más pobres. No hemos podido derrotar todavía este proceso, aunque en el discurso vayamos de gane.

Por ello, desde ITDP diseñamos una campaña para establecer una política nacional de ciudades y movilidad en el país. La llamamos #77urbano, retomando el hecho de que 77% de la población vive en zonas urbanas sin que exista una agenda nacional para ellas. Incorporar en el Plan Nacional de Desarrollo líneas de acción innovadoras en torno a la planeación urbana, permitirá que los programas sectoriales -los de las secretarías- estén en sintonía con un mejor desarrollo urbano en todas las ciudades del país.

Hay dos estrategias clave que hay que seguir en el país: por un lado, crear mejores ciudades en las que todo esté más cerca y haya acceso más equitativo a la infraestructura y los servicios, y por otro lado crear mejores calles, invirtiendo en sistemas eficientes de movilidad y accesibilidad para todos los habitantes de las ciudades.

Estas dos estrategias se complementan mutuamente: la primera promueve invertir menos tiempo en moverse -ya que se reducen las distancias- y la segunda, hacerlo de manera cómoda y segura -ya que el diseño de las calles mejora-.

Ya antes he planteado que para salir del bache en el que estamos, las obras públicas no deben ser solo corte de listones, y las políticas públicas deben responder a criterios innovadores y flexibles. Para este proceso, las propuestas que planteamos alrededor de #77urbano responden a algunas ideas-fuerza:

1. Pensar hacia el futuro, no solo el presente. Si generalmente pensamos que los proyectos y políticas deben resolver problemas actuales, tendemos a olvidar que las soluciones reales y de largo alcance salen de la sinergia lograda en inversiones y estrategias integrales y acumuladas año con año, y en la que los esfuerzos de sectores distintos empujen hacia el mismo lado. En este caso los sectores de “infraestructura” y de “desarrollo urbano”.

Esto solo es posible si generamos en nuestros instrumentos de planeación una visión de ciudad, compartida entre todos los actores institucionales, sociales, empresariales y académicos que inciden en nuestras ciudades. Planes que digan hacia dónde debemos ir son mucho más sólidos que carteras de proyectos sin una visión común acordada.

2. Hacer más con menos. Es imperdonable que un país como el nuestro, con tantas carencias y rezagos en tantos temas, no se concentren los recursos escasos en proyectos con el más alto beneficio y los menores costos socio-ambientales. Necesitamos que cada peso maximice su beneficio, al generar sinergias con las demás políticas.

La productividad no pasa generalmente por la gran infraestructura cara que le gusta generalmente a los políticos y empresas grandes. Así como tampoco los proyectos de transporte rápido significan mayor velocidad origen-destino, como sucede generalmente con autopistas urbanas o trenes rápidos no integrados.

La clave es caminar hacia una economía baja en carbono basada en inversiones de infraestructura, complementadas con software y capacidad institucional del gobierno, que permita evitar los costos excesivos de decisiones inadecuadas, así como explotar los beneficios al máximo. Ejemplos de esto son la calidad y localización de desarrollos inmobiliarios financiados por el Estado, así como la recuperación de plusvalías y la inversión en sistemas integrados de transporte.

3. Más movilidad para todos. La clave de los proyectos urbanos y de movilidad es garantizar la movilidad de todos, especialmente de los más vulnerables, los niños, los adultos mayores, las personas con discapacidad. La prioridad en las inversiones y decisiones públicas tiene que ser de los proyectos que mejoren la vida de la mayoría, garantizando el ejercicio de los derechos de la minoría.

Estamos tan acostumbrados a dirigir los proyectos de alto costo y calidad a los que más recursos tienen -por ejemplo, obras para el automóvil es lo que más se ve, pero solo 3 de cada 10 en el país realizan sus viajes de esa manera-, que no nos damos cuenta de que son los más pobres los que terminan subsidiando a los más ricos, algo inaceptable en cualquier país.

La ciudad y las calles deben ser diseñadas para todos, no solo para algunos. Eso va para las tarifas de transporte, los criterios de diseño de calles, la inversión de infraestructura, los subsidios a combustibles, etcétera.

4. Mayor calidad y mejor gestión. Enfocarnos solo en más infraestructura es un error sistemático que hemos cometido. En realidad, el reto es cómo tener mejor gestionada la infraestructura existente, en vez de ampliarla sin tener garantizada la operación. Es decir, el potencial no está en hacer crecer los sistemas de movilidad, sino en integrarlos: el beneficio de un sistema integrado (caminar + bici + transporte público) es mucho mayor que sus partes separadas.

Centrarnos en el usuario en vez de en la infraestructura resulta clave para ello, dado que nos lleva a priorizar altos estándares de servicio –por ejemplo, dando importancia a transporte público con horarios, seguridad y aire acondicionado-. Y ello a su vez nos obliga a diseñar asociaciones público-privadas eficientes y transparentes, que puedan reducir los riesgos al máximo, y que dirijan su atención y recursos hacia la gestión adecuada de los activos que tenemos en las ciudades, al 77% de los mexicanos.

Para apoyar, visita el micrositio del #77Urbano, participa y difúndelo.

Y lee la infografía de la misma campaña (acércala y aléjala con el mouse):

Descarga la infografía para imprimir (420)

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