Caerte de la bici

Por , @elMatali , 5 de marzo de 2013

Me subo a la bici y me pongo una bolsa del mandado sobre el hombro izquierdo, mi otra mochila, tipo “morral”, va bien colgada, atravesada de lado a lado sobre el cuerpo y apoyada sobre mi espalda. La del mandado se puede deslizar, pero no lo va a hacer, no quiero que lo haga. No me detengo a pensarlo y sí, se desliza mientras avanzo. La noto bajar por mi brazo hasta mi mano, pega justo a un lado de la llanta delantera. Después solo veo mi otra mano, la derecha, extendida viajando en el aire hacia el piso, cae, pero del otro lado no hay nada, la mano izquierda está atorada o distraída con la bolsa que me frenó mi rueda en seco, así que mi ojo derecho va y ve directo al asfalto, se cierra a unos centímetros antes de que mi cara golpee.

Esta caída no fue como mi otra gran caída, en la que yo iba a gran velocidad cuando un conductor aventó la puerta de su automóvil. Solo vi la acción de reojo a mi lado derecho, sé que volé, pero de repente estaba en el piso con un dolor en la panza que no me dejaba respirar, creo que pegué con el manubrio de la bici o con la puerta del coche, no sé. Esta vez, la de la bolsa del mandado, me duele intensamente el lado derecho de la cara. Si me cayera en una avenida rápida, me arrastraría de inmediato a la orilla, pero no es el caso. El dolor me abrumó, como la vez de la puerta del coche, es como anestesia inyectada con una patada, así que me quedé en el piso, justo donde caí, varios segundos, incluso minutos. Ambas veces me quedé ahí tirado, sintiéndolo, respirando, escuchando el entorno.

Esta vez, la de la bolsa del mandado, caí frente a un grupo de jóvenes. Primero, al ir de frente en el aire, hacia el suelo, escuché que se reían, luego, al quedar tirado, escuché como se asombraban y se acercaban: ¿estás bien? Por el dolor, claro que no contesté. Ya que pasó me dieron agua para tomar y para mojarme donde me golpee la cara. Me ayudaron a enderezar mi bici y me fui caminando a mi casa. No sangré tanto como la vez de la puerta del automóvil, que tampoco fue mucho. Esa vez me toqué bajo el ojo y mis dedos se mancharon con sangre, había caído bien con una mano y la otra torcida. Esa vez me subí de nuevo a la bici, llegué a la enfermería de la universidad, me vendaron la mano torcida y pusieron dos puntadas bajo el ojo  -lo gogles que traía me hicieron una pequeña rajada- y me fui directo a clase, a donde llegué 40 minutos tarde.

Esta vez, mientras caminaba a mi casa, me empezó a doler la cabeza y me preocupé, así que llamé a mi hermano y llamamos al neurólogo, quien me preguntó unas cosas y me dijo que probablemente no era nada grave: ni se me fue la memoria nunca, ni tuve la vista borrosa, ni me sentí desubicado. Recordaba todo perfectamente. Dormí con el cuidado de que al primer mareo o vómito había que ir directo al doctor. Los golpes en la cabeza -o cercanos a ella- son delicados. Esta vez no traía casco, la vez de la puerta del coche sí, aunque no estoy seguro que haya recibido ningún golpe en la cabeza en ninguno de los casos.

La gran caída con la bolsa del mandado fue ayer en la noche y hoy camino y trabajo como cualquier otro día, con un dolor leve en el hombro y en la cara, y raspones pequeños y redondos en cada uno de ellos. Tal vez estoy celebrando antes de tiempo, pero es curioso, apostaría que en estas dos caídas -las más fuertes- y todas las demás, son las manos las que me han salvado de peores golpes y, aunque el casco nunca está de más, creo que también podemos aprender a caer, lo cual es importante. También se puede aprender a prevenir y tomar en serio las cosas obvias: lo de la bolsa del mandado ya me había pasado unas semanas antes -no tan grave, esa vez caí con ambas manos-. Eso y lo de la puerta de automóvil, he escuchado que a varios otros les pasa y a muchos de ellos no les ha ido tan bien como a mi en ambos casos.

Si no quieres cargar un estorboso casco a todos lados y tampoco te quieres caer y raspar todo, saber prevenir lo previsible es importante, por tonto que suene, así como manejar sin miedo es importante para manejar seguro. No pongan sus bolsas de tela, u otras cosas que se puedan enredar a un lado de la llanta y menos de la delantera -a cualquier velocidad-, no vayan muy cerca de las puertas de los coches a gran velocidad y si se caen, pongan las manos -vayan a clases de Capoiera o danza contemporánea para aprender cómo caer con ellas, así como para aumentar la resistencia de su cuerpo-.

 

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