El bien común, pero en el jardín del otro

Por , @suzyrain , 19 de enero de 2012

Es un dicho común e incluso es parte del coro de la canción “Side”, de Travis, que el pasto siempre es más verde al otro lado. Ésto se refiere a que siempre anhelamos lo que tiene alguien más, porque creemos que tienen algo mejor. Pero, ¿qué sucede cuando el pasto sí puede ser más verde en tu propio patio?

NIMBY, las siglas de Not In My Backyard, se pueden traducir como “no en mi patio trasero” y hacen alusión al la reacción de muchos ante las propuestas nuevas para modificar el espacio público: si algo va a suceder, mejor que no suceda en mi territorio. Se trata de un término acuñado para describir la oposición que surge generalmente por parte de vecinos ante las propuestas de localizar nuevas obras, cambios o implementaciones dentro de una zona, comunidad o colonia, con el argumento de que estas simplemente son indeseadas o inconvenientes.

Urban Dictionary -un glosario de la cultura pop y eficiente herramienta para familiarizarse con el llamado slang-, ofrece definiciones que los mismos usuarios publican, como en Wikipedia, y que están acompañadas de enunciados que te ayudan a entender el sentido de la palabra o concepto que estás consultando, como en cualquier diccionario. Al ser una especie de wiki, o archivo generado por la comunidad, este diccionario también arroja con regularidad acotaciones agudas, astutas y con sentido del humor, que matizan y sin duda colorean vividamente el conflicto y contexto que rodea a cada una de ellas.

Para NIMBY, Urban Dictionary ha publicado varias definiciones, una de ellas abunda en la buena y mala práctica del “NIMBYismo”, por llamarlo de alguna manera, y que al mismo tiempo ayuda a clarificar el concepto.

A manera de cita, podríamos definir el “buen NIMBYismo” como quien se opone a la construcción de una obra que podría ocasionar la pérdida del patrimonio cultural o el valor de una zona. Un ejemplo clásico es cuando en Nueva York, Jackie Kennedy defendió la terminal Grand Central de la demolición, pues se tenía pensado construir una torre de oficinas.

Como ejemplo, hoy el “buen NIMBYismo” en la Ciudad de México se podría ver como la movilización en contra de obras que provocarán devastación ambiental y que en cambio privilegian al automóvil por encima de proyectos de transporte público o sustentable, o que, en resumen, afectan a una significativa mayoría y benefician a unos pocos.

Por otro lado, el “mal NIMBYismo” no tienen que ver directamente con un juicio moral, pues todas las formas de participación son saludables, pero sí tiene que ver con defender una prática negativa para la ciudad, cuando un mal hábito que se vuelve lo que genera el obstáculo para las nuevas propuestas. El “mal NIMBYismo”  es defender el territorio siendo irracionales, algo parecido al gruñido de un perro cuando te acercas a su plato de comida con la intención de llenarlo más.

La cita que tomamos de Urban Dictionary, por el momento, es la número 3. Puede ser votada para aparecer más arriba o más abajo. Ésta ofrece como ejemplos de “mal NIMBYismo” oponerse a una línea del metro, instalación de mejores tuberías que eviten el desperdicio de agua y otros posibles cambios positivos, y aunque los lados positivos y negativos de cada caso necesitan ser analizados por sus particularidades, la mayoría de las veces la oposición surge con el simple argumento de que las obras serán ruidosas, una molestia o de alguna manera, no muy clara, inconvenientes. La misma definición lo reduce a “ser egoísta”.

Aunque “ser egoísta” puede ser una percepción injusta para quien defiende el estado actual de su vecindario o colonia, parece ser que el fenómeno de NIMBY ha tomado curvas hacia la irracionalidad: el NIMBYismo es un obstáculo y práctica que enferma cuando pretende truncar iniciativas hacia el bien común o el beneficio de la mayoría.

Lo único y los más importante que se puede hacer en contra de esto es ofrecer información fundamentada y consensuada por diversos especialistas, además de plantear claramente los beneficios que los vecinos y/o personas involucradas obtendrán, así como facilitar las transiciones en la medida de lo posible.

Un ejemplo de esto es la reciente instalación de los parquímetros en Polanco. Mientras que el temor de los colonos era tener un lugar para sus autos sin un cobro exagerado, esto se atendió con permisos especiales para estacionar un auto por cada vivienda que no cuente con estacionamiento propio, además de que no se proveen más lugares a los vecinos porque esto sabotearía el mismo objetivo del proyecto, el cual es reducir el uso del auto así como generar flujo en los los lugares de estacionamiento en las calles. Por otro lado, aunque es un tema al que le falta trabajo, se ha planteado relocalizar a los franeleros que han perdido su ingreso. Además se ha abierto espacio a proyectos venideros: ¿no deberíamos presionar ahora por carriles para bicicletas y definitivamente por un uso provechoso de las ganancias obtenidas de los parquímetros?

Mientras que en un principio, un cambio como este puede generar molestias o levantar preocupaciones, finalmente se busca recuperar el espacio público que había sido invadido de manera desmedida por células privadas, como lo son los vehículos automotores. Los parquímetros son una manera de crear un espacio más vivible, evitar que la zona se sature de coches y, en cambio, que se opte por opciones de transporte más sustentables para llegar y moverse a través de ella.

A lo mejor, para que el pasto sea más verde de tu lado un par de días tendrá que oler a abono, y el piso de tu casa se enlodará con las botas de los trabajadores que lo están preparando, pero los buenos resultados son consecuencia de la voluntad de todos. Bienvenidos sean los pastos más verdes… pero sólo si realmente serán más verdes: para que exista una buena ciudad hay que abrirse a los cambios positivos, pero sobre todo, hay que informarse y ser críticos hasta con ellos y uno mismo.

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