Movilidad sustentable: un nuevo paradigma necesario

Por Transeúnte , 20 de octubre de 2009

Cambiar la forma en la que las personas se desplazan en las ciudades se ha hecho una necesidad ante el tráfico, las interminables jornadas para trasladarse de un punto a otro y el deterioro ambiental y de la calidad de vida de los ciudadanos. Esa es la razón para que se contemplen formas alternativas como la bicicleta y el transporte público masivo de calidad con el fin de mejorar la movilidad en las grandes urbes del mundo.

Ricardo Montezuma, director de la Fundación Ciudad Humana, opinó durante el quinto Congreso Internacional de Transporte Sustentable, que se tiene que cambiar la forma de pensar de los gobiernos de América Latina con respecto a este tema.

“Se debe de comenzar a darle prioridad a la movilidad sobre el transporte. La primera hace referencia a la calidad de vida de los humanos con relación a su forma de desplazarse; la segunda alude simplemente a la infraestructura, a los vehículos”, dijo el experto.

Asimismo, es pertinente considerar, bajo esta idea, que la ciudad no se transforma al poner en circulación más autobuses o metro, si no se sigue un desarrollo urbano adecuado. Para Montezuma es importante tener una visión amplia de la movilidad, en donde el transporte sea un elemento que se integre a la planeación urbanística, en la que “también se considere la recuperación del espacio público”, agregó.

Es por esto que, según Montezuma, se tiene que pensar en que la superficie de la ciudad debe tener un transporte público que contribuya a que “las metrópolis asocien su estructura urbanística a la infraestructura de movilidad”. Un ejemplo de ello, dijo, son los carriles multimodales que hay en Estrasburgo, Francia, donde en una sola línea pueden circular autobuses, trenes y tranvías.

Por su parte, Luis Gutiérrez de la red EMBARQ, propuso los sistemas BRT (bus rapid transit por sus siglas en inglés) como una infraestructura capaz de articular la ciudad. Los sistemas como el Metrobús ahorran tiempo de viaje a sus usuarios, lo que incide en un mejoramiento de la calidad del aire, salud, reducción de los gases de efecto invernadero y de los accidentes viales, entre otras cosas.

“Actualmente existen 60 sistemas BRT en el mundo y se ha comprobado que tienen un bajo costo de operación. Además, se pueden implementar de forma rápida con elevados impactos ambientales y mejora en la calidad de vida de las personas”, afirmó.

Con respecto al tema de las bicicletas, Brittany Bonnette, promotora de la implementación del sistema de bicicletas publicas en Filadelfia, Estados Unidos, recalcó la necesidad de fomentar el uso de ese vehículo en las ciudades. Sin embargo, se tiene que hacer infraestructura y darle los elementos necesarios a la población “para que se monte en la bici y se transporte cotidianamente en ella”, argumentó.

Una forma de lograrlo es a través del préstamo de bicicletas por medio de un sistema bien definido y funcional. En el caso de Filadelfia, dijo, “estamos tratando de hacer un sistema de bicicletas públicas, pues a través de éste se le quita carga al transporte público y su costo resulta más barato que hacer, por ejemplo, un metro”.

Bonnette expuso algunos indicadores que se tienen que tomar en cuenta antes de instaurar un sistema de bicicletas públicas: factores geográficos (condiciones físicas de la ciudad, distribución de las zonas económicas, donde vive la gente); infraestructura (si la ciudad cuenta previamente con ciclo vías, señalización, etcétera); operadores (quién administrará el sistema, el gobierno o una empresa privada) y desempeño (hacer una metodología para medir el éxito e impacto del programa).

Sumado a esto, la ponente indicó que algunos beneficios de los sistemas de bicicletas públicas en ciudades como París o Barcelona han reportado un aumento en el número de viajes que se realizan en bicicleta.

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