Oscar Montiel

Del modelo que no funciona, un ejemplo en carne viva

Por , @tlacoyodefrijol , 14 de agosto de 2012

A algunos nos queda claro que el modelo de movilidad centrado en el coche no funciona. Hablamos a diario de cómo mientras más coches, más tráfico, de cómo todos pagamos para que algunos se puedan mover de esa manera, etcétera. La explicación más clara respecto a que el coche nos cuesta, se puede ver acá. Sin embargo, para que los más necios entiendan, leer y escuchar no siempre funciona. Para hacerlo evidente, se necesita el poder de los elementos que conforman el problema:

El jueves 26 de julio, en el DF llovió a cántaros. Cuando yo bajaba en bici por Chivatito, cuando ya sólo chispeaba, había un gran tapete de autos que iba desde Los Pinos hasta Reforma. Todo parado. Excepto por algunos cuantos, que lograban moverse lo suficiente para tomar en sentido contrario la avenida y buscar una ruta alterna. Por ahí no pasa una ruta de transporte público, tampoco muchos peatones. Siendo honestos, nada que esté cerca de Los Pinos es amigable para peatones. Pero esa es otra historia.

Seguí mi camino, gritando de alegría al avanzar entre los coches estacionados. En la bajada no vi ni una sonrisa en la cara de los automovilistas. Entré al bosque, estaba fresco. Salí de él, llegue a Reforma. Parado. En la banqueta noté algo inesperado: había una gran masa de peatones. Venían platicando, bromeando, viendo las fotos de la exposición temporal que hay en las rejas. La banqueta de Reforma estaba llena de vida. El arroyo vehicular seguía parado. Le pregunté a uno de los peatones desde dónde venían. Me dijo que desde la Fuente de Petróleos -donde Reforma cruza con Periférico-. Habían decidido caminar en lugar de tomar el autobús, ya que todo el transporte publico de la avenida estaba detenido gracias a los coches. Les digo, todos pagamos las necedades del 20% que maneja automóviles.

El grupo de peatones que decidió caminar por avenida Reforma en vez de subir a un camión en le tráfico.

Continué avanzando entre coches detenidos. Llegué a la ciclovía. Un sólo carril para un montón de bicis y ese montón avanzábamos como si nada. Llegué a la glorieta de la Diana. Los coches seguían casi parados y los policías evocados en ellos, tratando de que pasaran los de una evenida y luego los de la otra. Los peatones, esperando a que finalmente les cedieran el paso. El gran problema de la ciudad: los que se encargan de que se cumpla la ley, la cual en lo escrito favorece a los usuarios más vulnerables, primero dan el paso a los que manejan vehículos motorizados. ¿Qué le da mayor importancia, en la mente de un policía, a alguien en coche que a alguien que camina?

Finalmente me acerqué a mi casa. Justo antes de cruzar Circuito Interior, me di cuenta de que esa vía rápida también estaba detenida, lo que me llamaba a hacer algo que sé que está prohibido en el reglamento de tránsito: meterme a una vía de acceso controlado. Y lo hice, por dos sencillas razones: ninguna vía debería de ser exclusiva para los coches y todos estaban parados. El reglamento lo prohibe justamente por la diferencia de velocidades, en estas calles puede que un ciclista ni siquiera sea visto y por lo tanto, este puede verse en un incidente.

Sin embargo, en esta ocasión, una bici, con todo y ciclista mojado arriba, iba más rápido en la subida del paso elevado de Juan Escutia, que los cochistas secos, debajo de sus techos con motores más grandes y lujosos que lo que quiera uno imaginar. Esto define de la manera más clara el modelo caduco centrado en el auto: no había movimiento. No hay manera económica ni humana de manetener este modelo. Aunque claro, al día siguiente, los que no lo creen así, volvieron a su coche, para empezar de nuevo.

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  • Ines Alveano

    Adoro rebasar autos estacionados en el congestionamiento, y que sus tripulantas me vean con caras pasmadas. Sin embargo, mi satisfacción es plena cuando imagino que a más de uno le cae el veinte y que unos días más tarde decide desempolvar su bici y avanzar con las telarañas al viento. Gracias, tlacoyo.

  • Gonzalo

    Muy buena descripción de lo demencial que es seguir promoviendo el transporte motorizado particular.

  • Javier Ruiz

    Un día regresaba a mi casa por la calle de Alzate (eje 1 norte) y di vuelta en Insurgentes hacía el norte y escuche un sonido característico (Soy admirador de la mecánica de los autos pero estoy en conflicto con su desperdicio de energía) el rugido de un Lamborghini Gallardo a toda velocidad, el arrancón duro 2 segundos y freno sin siquiera rechinar y dejando un olor peculiar a fibra de carbono, otros segundos transcurrieron y lo rebase con mi máquina de 10 kilos de titanio “frito”; me paré en el siguiente eje para observar nuevamente el auto, el tiempo transcurrió y me aburrí…me fui pensando que caso tiene disfrutar un auto 2 segundos.

  • Jorge Ballesteros

    En Medellín (Colombia) sucede lo mismo. En mi bici viajo diariamente cerca de 20 kms y me es más fácil y práctico. Mejor en bici.