Xavier Treviño

Densidad: el verdadero desarrollo urbano

Por , @xtrevi , 16 de febrero de 2012

Gráfica 1

Una de las ideas más recurrentes cuando se habla de urbanismo inteligente, sustentable o humano, es la de la densidad urbana. Esta es la característica que las ciudades cumplen al concentrar más personas y servicios en menos espacio, un ejemplo de esto es cualquier centro urbano donde los edificios tengan alrededor de cuatro pisos. Esto, en principio tiene mucho sentido, porque concentrar habitantes en un área es bueno, por ejemplo, en términos de eficiencia de servicios públicos, lo que hace que nos cueste menos el transporte, el agua y la electricidad. Con la concentración de residentes, se genera lo que se conoce como “economías de aglomeración”, las cuales permiten solventar necesidades sociales a un menor costo, y no solo financiero, inclusive, a nivel ambiental.

Sin embargo, estos beneficios, a veces, no son tan reconocidos. Es fácil confundir lo realmente “verde” con el color verde del campo, y lo que “no es verde” con el asfalto y el ladrillo de los centros urbanos muy densos. Me explico, en principio podría parecer una contradicción que un ambientalista proponga ciudades de alta densidad. No obstante hemos visto muchos ejemplos en el mundo, sobre cómo las ciudades con menos habitantes por km2 generan más consumo de energía, más emisiones y más impacto en ecosistemas, como lo retrata la Gráfica 1, en cuanto al tema de transporte. Entonces, pensemos en qué pasaría si los 18 millones de habitantes de la Ciudad de México nos desperdigáramos en todo el país pretendiendo mantener nuestro nivel de consumo: probablemente generaríamos un mayor impacto ambiental.

Pero además, densificar permite generar cierto valor social que es difícil de encontrar, incluso en muchas ciudades contemporáneas: una mayor variedad y accesibilidad a oferta de servicios y por lo tanto, altos niveles de convivencia social. Pero, ¿por qué habríamos de encontrar convivencia y variedad solo por el hecho de tener más gente y servicios en menos espacio? Es cierto que al aumentar la densidad de oferta y consumo, las escalas de la ciudad también se reducen y, por ello, se vuelven más humanas. Por ejemplo, en espacios amplios, como los suburbios, con poca oferta de comercio y servicios, poca gente camina, mientras que en espacios compactos con gran oferta comercial, como los centros de las ciudades, las calles están vivas y la gente las atiborra.

Veamos, por ejemplo, el paisaje suburbano relacionado con el urban sprawl -término con el que se denomina la expansión horizontal de las ciudades- en Estados Unidos. Manzanas inmensas, lotes grandes para una sola casa, unifamiliar y de un nivel, o en todo caso, dos en cada lote, con comercio concentrado solo en las intersecciones de vialidades principales, al cual es difícil acceder caminando, además de otros servicios concentrados, como centros comerciales, todavía más lejos, en determinadas zonas de la ciudad y a las cuales se llega solo en coche. Las densidades por ejemplo de Houston -mil 500 habitantes por kilómetro cuadrado-, Phoenix -mil 510 hab/km2- o Atlanta -mil 580 hab/km2-, dan cuenta de un escenario urbano desolado en términos de escala humana, es difícil llegar a nuestros destinos a pie y hay poca accesibilidad a transporte público.

¿Acaso es poco mil 500 habitantes por km2? Nada más como referencia, las tres áreas de la Ciudad de México con mayor densidad son la Delegación Cuauhtémoc -en donde están la Condesa, la Roma, el Centro, la Cuauhtémoc y la Juárez-, la cual tiene 16 mil 100 hab/km2, Iztacalco tiene 16 mil 400 hab/km2 y Neza 17 mil 400 hab/km2. Todas estas tienen 10 veces más densidad que las diluidas ciudades del centro de Estados Unidos, incluso, zonas alejadas del centro como Tlalnepantla -8 mil 200 hab/km2- o Ecatepec -8 mil 900 hab/km2-, están cinco veces arriba.

En EU hay, sobre todo, dos ciudades que han tenido avances muy importantes en la movilidad urbana y el espacio público: Nueva York y San Francisco. Gran parte de la innovación y la calidad de vida en estas áreas urbanas viene de una concentración importante de oferta comercial, cultural y de servicios en sus zonas centrales. Por ejemplo, en el West Village de NY hay 25 mil 300 hab/km2 o en el Upper East Side: 34,500 hab/km2. Las densidades urbanas son altísimas, incluso en las zonas residenciales de Brooklyn llega a 15 mil.

Ciudades asiáticas como Pekín, Hong Kong y Seúl, sirven como referencia de densidades máximas en el mundo, coincidiendo con las características de ciudades dinámicas y vitales, que garantizan una alta competitividad global. También las principales ciudades europeas han demostrado semejantes características, así como una alta calidad de vida urbana, independientemente del alto nivel de ingreso.

Nuestras ciudades mexicanas son cada vez menos densas dado un costoso y poco competitivo crecimiento horizontal. De acuerdo con el último reporte de Sedesol, en las últimas décadas la mancha urbana creció  a un ritmo de 7.4% anual, a pesar de que la población urbana solamente aumentó 2.7%. Hay grandes terrenos baldíos o edificios abandonados en zonas centrales, al mismo tiempo se construyen cientos de miles de viviendas en las periferias y muchas de ellas se quedan vacías, estimándose que unas 5 millones están abandonadas.

Y es que a pesar de que sí hay una importante tendencia a reconocer el valor de los espacios públicos y los barrios vivos, los cuales son permitidos por la escala humana, una vez que la estructura urbana se define bajo criterios de baja densidad, resulta muy difícil, posteriormente, reconvertir las zonas dsipersas en áreas urbanas vivas y activas. Es triste ver que los interesantes esfuerzos de revitalización urbana en San Diego, California, en barrios como Hillcrest o North Park, se topan contra la influencia de las bajas densidades, de 3 mil 300 y 4 mil 200 hab/km2 respectivamente, lo que impide que se consoliden como centros urbanos.

Por eso es tan importante para nuestras ciudades, uno, detener el crecimiento horizontal y restringir el financiamiento público para desarrollos que expanden la mancha urbana, y dos, enfocar recursos, mejorar la regulación y eliminar barreras para desarrollar proyectos en suelo reciclado, baldío o edificios abandonados en los centros, lo cual permitría, primero, frenar y después invertir el modelo actual de desarrollo urbano, girando en busca de otro, que nos permita desplegar el gran potencial que tenemos en las ciudades mexicanas.

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