La ciudad sobre el lago

Luis Zambrano

El acuífero de los dos mil metros, ¿habemus aqua?

Por , @ZambranoAxolote , 20 de marzo de 2013

Como sedientos en el desierto, que a lo lejos ven su salvación en un oasis a los pies de las palmeras, con abundante agua, muchos medios de comunicación titularon sus primeras planas de hace unos días con frases como “¡Agua a la vista!”. Noticias para promover lo dicho por el director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, Ramón Aguirre, quien hace unas semanas anunció el descubrimiento de un acuífero a más de dos mil metros de profundidad, el cual daría agua a toda la ciudad por más de 100 años. El agua, según decía en ese anuncio, además de ser abundante, es potable y está lista para ser utilizada, concluyendo que en un par de meses estaremos listos para poder explotarla.

El descubrimiento en realidad no es nuevo, pues es un viejo proyecto que ha venido rondando las oficinas de gobierno desde hace ya algunos años (ver artículo sobre “la filosofía del tubo”). Por ello, llama la atención la prisa del anuncio y la promoción de las “maravillosas bondades” de este acuífero y la rapidez en la generación del pozo.

Sabemos muy poco de este nuevo acuífero, aunque públicamente, en la inauguración del pozo, el director de la Conagua dijo que no se sabe si este tiene agua para más de 100 años y que en realidad faltan estudios. Sin embargo, es cierto que tiene ciertas características sorprendentes para agua que se encuentra a esas profundidades, por ejemplo: una temperatura y acidez adecuadas, además de que no huele mal. Sin embargo, sí tiene muchas sales y por lo tanto no es potable, a pesar de los anuncios iniciales. Eso mismo nos lleva a preguntarnos varias cosas: no sabemos si en realidad esta agua viene del mismo acuífero que ya estamos sobre explotando –mejor conocido como “del Valle de México”- ni que llegó ahí por alguna fractura. Por lo tanto, no sabemos si es agua fósil (agua con mucha edad) o fresca (agua que llovió hace algunos años y que se infiltró por una grieta muy profunda). Por eso mismo, tampoco sabemos la repercusión que tendría la explotación de ese acuífero en los demás, ni si tiene virus o bacterias o algún otro contaminante que pueda generar problemas de salud en el largo plazo. Así que, ¿cual era la prisa en anunciarlo?

A la par de este anuncio, se han generado dos noticias que están muy relacionadas. La primera es que desde el mismo Sistema de Aguas nos avisan que las presas del sistema Cutzamala están en un bajo histórico y por lo tanto, en unos meses de este año, vamos a sufrir mucho por la falta de agua. Recordemos que el 30% del agua que consumimos viene de ahí.

La segunda es el interés de la Conagua de generar un proyecto de 37 mil millones de pesos y traer el preciado líquido del sistema Necaxa Alto Tecolutla, Sistema Mezquital y Tamascaltepec. Esto se refuerza con las declaraciones del jefe de la Conagua, quien dice que, con o sin acuífero, ellos van a construir este sistema hídrico -a raíz de la tensión que ahora existe en los dos órganos que manejan el agua-.

Estas dos opciones para surtir el agua que manejan tanto el Sistema de Aguas como la Conagua en su discurso, vienen de la “filosofía del tubo”, en la cual lo importante no es el agua sino la infraestructura alrededor. Mucho menos se considera al ecosistema.

Si no sabemos las repercusiones que tendrá en el subsuelo la explotación de un acuífero a 2 mil metros de profundidad, imaginemos la poca idea que hay sobre atravesar agua desde la cuenca de “x” lugar a la Ciudad de México. ¿Qué pasará con el balance ecosistémico de las dos cuencas?

Para evaluar si alguna de las dos alternativas es viable, habría que preguntarse primero si esas son las mejores opciónes para solucionar el problema del agua para la Ciudad de México y los habitantes de las zonas explotadas en el corto, mediano y largo plazo. Es claro que esa evaluación no está hecha, porque existen otras alternativas que pueden ser más sostenibles en el largo plazo.

Por ejemplo, por principio físico de conservación de la energía, es evidente que invertir en infraestructura para traer agua de una cuenca a la otra es poco sostenible y esta propuesta puede verse más absurda cuando nos damos cuenta de que el agua llega sola a la cuenca del Valle de México -recordemos que en esta zona llueve 10 veces más de lo que necesitamos consumir, solo que no estamos captando esa agua-.

Por otro lado, cuando se presentan otro tipo de proyectos, como mantener y restaurar las zonas de captación de agua existentes, así como generar lagunas de regulación y provisión de agua, en los cuales los capitalinos utilicemos las aguas frescas, la respuesta es: es muy caro. Sin embargo, sumando los proyectos planteados por “la filosofía del tubo”, estamos hablando que en los próximos dos años se invertirán no menos de 50 mil millones de pesos. Yo no creo que eso sea barato.

Me pregunto si en algún momento nos vamos a enfocar en resolver el problema del agua buscando mejorar la calidad de vida de los habitantes tanto en el corto, como en el mediano y largo plazo. Sin embargo, por lo que se ha visto, esa visión es la que menos impera en la toma de decisiones para el abastecimiento de agua desde las actuales administraciones, desde la mentalidad “del tubo”.

Temas: , , , , , , , , , , ,