Xavier Treviño

El fantasma del cambio climático: ¿solo un sueño?

Por , @xtrevi , 19 de diciembre de 2011

Un huevo sobre una mesa rueda hasta el borde y cae al piso. Si en algún momento alguien quiere evitar el accidente, puede tratar de rescatarlo en el aire, si con mucho cuidado atempera la velocidad de sus manos para que no se rompa. Si no se logra, el huevo se estrellará en el piso, dejando un bonito desastre. ¿Este proceso es reversible? ¿Podríamos esperar que el huevo se regrese para volver a armarse tal como estaba, se recomponga la cáscara y se separen la yema y la clara?

Roger Penrose, a propósito de la explicación sobre la no reversibilidad de los procesos en el mundo, pone el ejemplo del huevo. Este muestra una propiedad que llamamos entropía, la cual, de acuerdo con la segunda ley de la termodinámica, aumenta cada vez más. A partir de la poderosa energía del sol se generan procesos que difuminan irreversiblemente, en forma de calor, la energía de la gran estrella, como si el sol fuera el huevo rompiéndose muy lentamente. Todo lo que pasa en el mundo “pierde” de esta manera, de hecho si nuestro planeta no lo hiciera, como pasa en las noches, se sobrecalentaría rápidamente.

Estos procesos irreversibles son parte de nuestra vida, y no impiden, sino de hecho permiten que vivamos en ciclos naturales estables: el agua de mar calentada por el sol se eleva a las nubes para luego enfriarse y caer como lluvia en las montañas y bajar por ríos otra vez al mar. Por eso es que tampoco nos preocupa que el huevo que cae de la mesa se rompa y no nos sea posible revertirlo: siempre habrá más.

La Agencia Internacional de Energía acaba de emitir su Reporte 2011 en el que sostiene que “se está cerrando la puerta de los 2 °C”, en alusión al fallido objetivo acordado hace dos años en Copenhagen, que hablaba de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de manera que la temperatura global no aumente más de 2 °C y que también planteaba que el mundo hoy, aunque se tomen medidas, sigue una trayectoria que nos llevará a superar los 3.5 °C, y a lograr más de 6 °C si no se toman. El mismo Reporte establece que aplazar nuestra actuación al respecto constituye un error en términos económicos: por cada dólar no invertido contra el cambio climático antes de 2020, será preciso gastar 4.3 más después de 2020. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, IPCC, también reportó que después de esta fecha la temperatura global podría llegar a la catastrófica cifra de 6.4 °C.

La familiaridad casi natural con el huevo rompiéndose, quizá sea la razón de la gran despreocupación ante el fenómeno del cambio climático. ¿Cuándo algún proceso ha sido tan grande que la Tierra -nuestro mundo- no ha sido capaz de procesarlo? Montones de cosas se rompen, se desordenan y se pierden para siempre, desde que el ser humano es humano, ¿por qué sería diferente ahora?

Parece que los asuntos de cambio climático siguen siendo exclusivamente “ambientales”, o sea, que están en el cajón de las cosas cool-de-ondita, junto con la protección de animales, árboles, el uso de la bicicleta y otros temas que pueden ser relevantes para un pequeño sector “letrado” de la población, pero que de ninguna forma compiten con los temas realmente importantes para la agenda pública: SEGURIDAD, EMPLEO, INFRAESTRUCTURA, ENERGÍA. Así, en mayúsculas.

A propósito de los acuerdos de último momento concernientes al tema del cambio climático, a los que los países del mundo llegaron en Durban, en la COP17 hace unos días, y que están todavía muy lejos de lo mínimo necesario para no enfrentarnos a una catástrofe ambiental, no parece que nos preocupe este tema. Ni los medios, ni las redes sociales, ni los académicos, ni los políticos o los funcionarios públicos parecen tomarse en serio esta amenaza a nuestro mundo, la cual se deriva de nuestro propio comportamiento. Es evidente que esto pasaría, dado que no hay una presión real desde la sociedad hacia los que ocupan posiciones de gran poder.

¿Cómo explicarles -explicarnos a nosotros mismos- que nuestra crisis en cuanto al cambio climático tiene mucho que ver con nuestra forma de consumir, vivir y de inventar y reinventar nuestro mundo? Que cuando decimos “infraestructura”, deberíamos saber que se está hablando de la que provee de beneficios sociales y ambientales, no de infraestructura a secas; que cuando decimos “empleo” queremos decir producción local, equitativa y eficiente; que cuando decimos “seguridad” queremos decir equidad socio-económica y garantía de derechos. Que cuando decimos PROGRESO, queremos decir en realidad CALIDAD DE VIDA.

El año que viene se cumplirán 20 años desde la Convención Marco de Cambio Climático en Río 1992. Hemos hecho reportes, libros, películas, seminarios, cursos, doctorados, leyes sobre este fantasma del cambio climático. Y hemos hablado y hablado. Y a pesar de eso, hoy un gran porcentaje de nuestros recursos de inversión y subsidios en México siguen dirigidos hacia la promoción de actividades intensas en carbono. Seguimos posponiendo el enfrentarnos a un cambio hipotético, rogando que ese fantasma sea solo un sueño.

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