El peatón del aire

Emmanuel Ordóñez Angulo

El hombre de la multitud

Por , @eoran , 9 de agosto de 2012

En razón de un cambio de rutina, hace unas semanas dejé de frecuentar el café La Hija del Jarocho. Aunque al principio no lo extrañaba, después me fui dando cuenta de cómo visitarlo tres veces por semana se había convertido en una parte importante de mis días -nada menos que mi tiempo de lectura más prolongado-, así que empecé a buscar un remplazo.

Es común necesitar un tercer espacio, que no es ni la casa ni el trabajo, donde no se es familiar pero tampoco completamente extraño y donde se tiene la libertad que esa ambigüedad implica: se puede trabajar pero también se puede conversar, lo mismo que pasar un rato contemplando al resto de refugiados, bebiendo café o cerveza en silencio.

Es cierto que uno es uno a partir de los otros, pero ¿por qué la necesidad de estar siempre, todo el tiempo, rodeado de gente? ¿Por qué la preferencia de leer en un café o salir en la noche a sentarse en la barra de un bar? ¿Qué tanto los espacios circundantes determinan cómo vivimos nuestras vidas?

“Esta gran desgracia que es no poder estar solo…”, dice Jean de la Bruyère en la cita con que inaugura Edgar Allan Poe El hombre de la multitud. El relato está curiosamente dividido en dos partes: en la primera, el narrador descompone —desde una mesa de café, para variar— a la masa transeúnte en categorías de la sociedad según los pequeños detalles que le permiten leerla como muchachas de servicio, gentes de oficina o vendedores de mostrador. En la segunda, un anciano llama la atención del observador al punto en que se inicia una cacería detectivesca y absurda, de la que lo más apabullante es el descubrimiento de la existencia de una nueva clase de hombre: el que ha sido, finalmente, absorbido por completo en la vida urbana. Absorbido como chupado, como dejado en los huesos. Un hombre que juega el rol perpetuo de “extra” de película, de mirador de aparadores de tiendas, de caminador de calles y peatón que espera al paso de los coches. Un hombre que hace lo que dicta la muchedumbre y cuya vida depende de si encuentra un remplazo para La Hija del Jarocho o no, o un nuevo bar preferido o un nuevo estreno de cine el viernes.

Foto por Emmanuel Ordoñez

Yo no he encontrado ese remplazo, pero en el proceso me pregunto si de eso dependerá mi tiempo de lectura, como depende de la construcción de ciclovías que la gente salga en bici, o de su salario que se sienta realizada. Me pregunto si soy también yo -si me he convertido finalmente en- un hombre de la multitud.

El hombre de la multitud, de Edgar Allan Poe

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  • http://www.facebook.com/sabinaamilan Zingarina Milán

    wow! que inspiración! buenisimo!