El peatón del aire

Emmanuel Ordóñez Angulo

El parque

Por , @eoran , 3 de octubre de 2012

Pasa que, a veces, los árboles son los únicos habitantes de los parques. Eso, si hay árboles, porque otras veces ni árboles hay. Entonces los parques son playas vacías de todo, en las que los mechoncitos de pasto quemado son lo único que queda de lo que, seguramente, fue en mejores tiempos una cama verde para acostarse a mirar el cielo.

La imagen es tristísima: un auténtico cementerio. Peor, porque nadie lo visita. Sólo a veces, cuando es necesario, alguno lo atraviesa, pero sólo cuando es realmente necesario, porque siempre es preferible, a un cementerio, cualquier acera.

Y mientras ése sea el estado de las cosas, ésa será la realidad habitada por la literatura. Porque la literatura no “refleja” la realidad, ni la “analiza” ni la “parodia”, sino la habita y la produce. He ahí uno de los más fáciles errores de quien habla de la literatura de autores como Kafka o su pariente latinoamericano, Virgilio Piñera: leerla como un reflejo, un análisis o una parodia de la realidad. Los cuentos de Kafka o de Piñera no se refieren a nada afuera de sí mismos. No son metáforas de nada. No critican nada. No expresan; son.

Si, en un cuento, Piñera habla de un parque plano, sin bancas ni árboles, no habla realmente del espacio público descuidado en las grandes ciudades o del sinsentido de una plaza desierta, sino de un verdadero parque plano que no tiene bancas ni árboles y que existe en algún país de algún mundo. Y si, en el mismo cuento, habla de la eterna discusión entre los habitantes de la ciudad sobre si el parque es cuadrado o rectangular, no habla realmente de la imposibilidad de la gente para comunicarse o de lo absurdo de la política, sino de un parque del que, verdaderamente, no se puede saber a ciencia cierta si es cuadrado o rectangular.

Las realidades de la ficción existen por sí mismas, y hay que creer en ellas para verlas (ojo: para ser capaz de verlas, no para que existan. A ellas, para existir, les vale madres si uno cree o no). Que el parque de figura inasible de Piñera se parezca un poco a la caricatura de los parques-cementerios de nuestras ciudades es otra cosa.

Hablo de Piñera porque, recién me entero, recibe por fin un homenaje: el 2012 es, en Cuba, el “año virgiliano”, y lo celebran con un congreso internacional y la nueva puesta en escena de un par de sus piezas; todo organizado por el mismo gobierno que, en vida, lo encarceló por diferente: “dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada”. Eso sí es una realidad increíble.

El parque, de Virgilio Piñera

Foto por Emmanuel Ordoñez Angulo

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