El peatón del aire

Emmanuel Ordóñez Angulo

El placer de vagabundear

Por , @eoran , 22 de junio de 2012

Es fácil imaginarse a Baudelaire divagando en las calles de París. Es fácil imaginarse la música de acordeón, el murmullo de las voces y los cristales en las terrazas de los cafés, las farolas reflejadas en el agua oscura del Sena, iluminando el camino para el poeta nocturno. Es fácil porque es una postal para turistas: un cliché romántico.

Foto por Emmanuel Ordóñez

Pero imaginemos un paseante fascinado por las escenas del mercado o las calles sucias de un puerto, sin sombrero ni bastón, sin bigotes engomados, sin guantes o chaleco o educación. O sea, sin ornamentos. Un hombre simple, obrero de fábrica, caminando a su trabajo.

Roberto Arlt, 1935.

He ahí a Roberto Arlt, vagabundo latinoamericano en todo opuesto a Baudelaire. Roberto Arlt fue un hombre de vida y escritura duras y sencillas, bellas sin artificios. Los arrabales de Buenos Aires fueron su origen y su escuela. Aprendió a no hablar de hacer las cosas sino a hacerlas a fuerza de golpes: los de su padre y los de la vida. No tenía grandes proyectos sino un presente siempre muy intenso y ocupado en vivir y trabajar. Su preocupación no era una redacción perfecta -que es lo mismo que engomarse los bigotes-, sino una escritura fuerte: “libros que encierran la violencia de un cross a la mandíbula”. No era un intelectual: era escritor.

Sus personajes, como sus amigos, son gentes sin futuro, miserables o mediocres, alimentados a gotas de pequeñas alegrías. Borrachos, enfermos, locos. Peatones que caminan la vida arrastrando los pies.

Arlt no transita por las calles: vive en ellas. Las respira y las retrata. Conoce en sus rincones la belleza y la verdad, la historias más trágicas, los personajes más increíbles. Encuentra en las calles encerrado “todo el universo”.

Si, como se dice, Arlt escribía igual que hablaba, entonces sus Aguafuertes porteñas son pequeñas conversaciones con un hombre honesto y amigable. Dejo aquí una de ellas, para inspirarnos salir a caminar. ¿Quién necesita París? Aquí en México no hay Sena ni flâneurs. ¡Aquí habemos vagabundos!

El placer de vagabundear, de Roberto Arlt: http://www.cafedelasciudades.com.ar/mirada_14.htm

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