El peatón del aire

Emmanuel Ordóñez Angulo

El tren de carne de medianoche

Por , @eoran , 2 de marzo de 2012

Foto por Emmanuel Ordóñez Angulo

La ciudad de Nueva York es cuna fértil de leyendas urbanas. Y para que las leyendas surjan, es necesario un caldo hirviente cargado de historia, cocinado a fuego lento. Ciudad mítica por antigua y por moderna, Nueva York es una especie de tierra prometida a la que peregrinan muchos que sueñan con caminar sus calles, montar sus rascacielos, habitar sus suburbios. Internarse en su subsuelo y recorrerlo.

Uno de los más antiguos del mundo, el metro neoyorkino es parte importante del misticismo de la ciudad: es tan vasto que nadie lo conoce por completo, y lo que no se conoce fascina y se teme. Desde la existencia de un cocodrilo que repta en sus túneles hasta la de estaciones secretas que conectan con espacios subterráneos, el repertorio de leyendas urbanas emergidas desde las bocas del subway es tan amplio como él.

Y alguien que sabe de leyendas urbanas es el conocido escritor de horror Clive Barker, responsable de los cuentos y novelas cortas que dieron origen a las franquicias cinematográficas Candyman y Hellraiser, entre varios otros textos llevados después al cine. Muy a cuento con los escenarios subterráneos del metro —pasillos sórdidos y estrechos, viejos vagones chirriantes, andenes solitarios a altas horas de la noche—, el estilo de Barker es incisivo y detallista; y sus escenas, elegantes y sangrientas.

Entre las ficciones de la exitosa colección Libros de sangre de Barker, hay una que se ocupa precisamente del lado tétrico del metro, ése que sospechamos, eventual pero inquietantemente, al tropezar con gente siniestra en los pasillos, o al mirar la oscuridad más allá de nuestro reflejo en la ventanilla de un vagón detenido por emergencia a mitad de un túnel.

La historia resulta tanto más estremecedora en cuanto que es disparada por una anécdota muy común: alguien que se queda dormido en el metro y, al despertar, no sabe en qué estación está. Luego, cuando se da cuenta de que en realidad sólo durmió en el trayecto de una estación a la siguiente, descubre que en ese mismo tramo desapareció su único compañero de vagón. Y el ruido del otro lado de la puerta que separa los vagones lo llama.

Leon Kaufman, el protagonista, es uno de esos peregrinos que llegan a Nueva York esperando encontrar el “palacio de los placeres”, y termina convirtiéndose en el carnicero exclusivo de una horda de clientes desdentados y exigentes (pero justamente en esa tarea sagrada está su recompensa).

Una lectura fluida y excitante. Uno de los maestros de la literatura de horror contemporánea.

Buen provecho.

El tren de carne de medianoche, de Clive Barker

Aquí el cuento en pdf, cortesía de Ricardo Bernal.

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