Xavier Treviño

Elíxir para nuestras ciudades

Por , @xtrevi , 17 de mayo de 2012

Tenemos bastante avanzado el acuerdo sobre lo que deben ser nuestras ciudades y acerca de los límites de la práctica actual que las rige, sin embargo me pregunto por qué seguimos en esta dinámica urbana desastrosa, que promueve el uso indiscriminado del coche, las distancias cada vez más largas y los espacios urbanos violentos y deshumanizados.

Lo que pasa es que llevamos un buen rato discutiendo qué hicimos mal, qué no funcionó del modelo de planeación urbana que nació en 1976 con la Ley General de Asentamientos Humanos. A la vez pasa que tenemos un diagnóstico bastante preciso del problema. Y pasa también que tenemos una idea bastante acertada de lo que estamos haciendo mal y de lo que deberíamos de cambiar y hacer distinto. Cada vez hay más actores tanto académicos, gubernamentales, sociales y hasta privados convenciéndose de los límites que enfrentamos con el modelo actual y de las bondades de las ciudades compactas. En resumen, parece que sabemos hacia dónde hay que ir.

Pero también pasa que cuando nos juntamos para discutir estos temas, me doy cuenta de una cosa: no sabemos cómo hacerle. Y entonces nos entrampamos en discusiones bizantinas sin metodologías acordadas, que acaban disolviéndose en pantanos políticos o personales. También entiendo que este es un elemento lógico en la construcción de soluciones conjuntas. El problema es que no tenemos tiempo.

Por ejemplo, revisemos rápidamente los números sobre investigación en este país: según datos de la UNESCO: tenemos 38 mil investigadores, en contraste con los 50 mil de Turquía, 125 mil de Brasil y ni qué decir de los 1 millón 425 mil en EU. Otro indicador: las publicaciones anuales de científicos mexicanos son en promedio 8 mil 262, lejos de los 26 mil 482 en Brasil, 32 mil 781 de Corea y ni hablar de los 272 mil 879 de EU y los 359 mil 991 de la Unión Europea. Nuestra inversión en investigación y desarrollo -I&D- es de 0.4% del PIB, cuando los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos -OCDE- la promedian en 2.5%. La pregunta entonces es, si tenemos tan poca investigación, ¿quién va a documentar e investigar el problema urbano en México, y proponer soluciones?

Ay, las ciudades. Son apasionantes y desesperantes a la vez. A pesar de que el atractivo innegable está ahí, por empleos, actividades, servicios, bienes u ocio, cada vez van perdiendo algo más. Hoy nuestras ciudades crecen explosivamente sobre suelos cada vez más lejanos, creando de la nada fraccionamientos y colonias.

Los desarrollos alejados del centro, desconectados de su entorno, tienden a crear monótonos paisajes, hechos de casas ridículamente pequeñas y de mala calidad, habitadas por familias que dejaron la pobreza patrimonial a costa de su ya de por sí precaria calidad de vida. Los jefes de familia tienen que tomar decisiones, quedarse a dormir en la ciudad o gastarse un gran porcentaje de sus ingresos y su tiempo al transportarse al trabajo en armatostes lentos, inseguros y caros. La ciudad nueva se crea tan rápido, se desenrolla como alfombra, lástima que esta sea deforme y de mala calidad.

Los datos son contundentes. La mancha urbana de las ciudades mexicanas entre 1980 y 2010, según un reporte de Sedesol, crecieron entre 3.6 y 30 veces, mientras, la población lo hizo, en promedio, una tercera parte de lo que creció la superficie de cada una de sus ciudades. El caso más controlado fue el de la Zona Metropolitana del Valle de México -ZMVM-, la cual involucra al DF y ciertas zonas del Estado de México. Ahí la población aumentó entre 1980 y 2010 1.42 veces, pero la superficie aumentó 3.57 veces, aunque tenía el mayor número de personas viviendo en menor espacio, la densidad más alta: 87 habitantes por hectárea. En el caso de las otras dos ciudades más grandes: la población de Guadalajara aumentó 1.98 veces y su superficie 3.82 veces, en ese mismo lapso, con relativamente buena densidad de 72.6 habitantes por hectárea; en Monterrey la población también aumentó 1.98 veces, pero la superficie creció 4.95, y ya de por si tenía una densidad baja: 53.6 habitantes por hectárea. A mayor espacio, mayores distancias para trasladarse.

Pero donde realmente se dispara el problema es en las ciudades medias. En esos mismos 30 años Villahermosa creció 30.1 veces en superficie, Toluca 26.3, Cancún 25.8, Querétaro 16.1, Saltillo 12.8 y Puebla-Tlaxcala 12.4, lo cual genera densidades cada vez más bajas, resultando en una dificultad creciente para la movilidad urbana de sus habitantes, y sobre todo, en un crecimiento de los costos de transporte en cuanto a tiempo y dinero, que afecta inmediatamente a las familias que se asientan cada vez más lejos de los centros, las áreas dotadas de empleo y servicios.

Entonces, retomando el tema de la escasez de investigadores que comentaba anteriormente y la pregunta correspondiente, ¿quién va a documentar e investigar el problema urbano en México, y proponer soluciones?, me queda claro que el renacer de nuestras ciudades pasa no solo por ponernos de acuerdo de hacia dónde hay que ir, sino sobre todo de ser capaces de innovar soluciones, crear instrumentos y aplicar metodologías que no existen todavía. Me queda claro también que para lograr eso, todos los que estamos involucrados no solo debemos formar expertos, además de documentar casos exitosos -y fracasados- y hacer investigación y docencia, sino, sobre todo, generar sinergia entre nosotros mismos e impulsar el trabajo de todas las partes.

Creo cada vez más que las diferencias que tenemos entre funcionarios, empresarios, desarrolladores, activistas, académicos o comunicadores son de forma y no de fondo, y que requerimos la construcción de un lenguaje común para lo cual necesitamos de muchas más cabezas y brazos que los que tenemos ahora. En esto soy optimista, la pregunta es ¿cuánto tiempo tenemos para construir las alianzas y sinergias necesarias? El reto es tan grande que competir y bloquear al otro es irracional.

Temas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,