La ciudad sobre el lago

Luis Zambrano

¿En cuánto tiempo te bañas o cómo usar el agua en el DF?

Por , @ZambranoAxolote , 20 de noviembre de 2012

Esa fue la única pregunta de una micro-encuesta que realicé entre mis estudiantes: ¿cuánto tiempo tardas en bañarte? El rango varió entre 6 y 20 minutos, y el promedio fue de 12. Una regadera ahorradora gasta entre 6 y 10 litros por minuto y una normal, hasta 20 litros por minuto. Así, una persona que tarda 6 minutos en bañarse en una regadera ahorradora utilizará 36 litros mientras que, al contrario, se utilizarían unos 400 litros por “regaderazo” al tardarse 20 minutos en una regadera común. En promedio, en la Ciudad de México y en muchas ciudades, se utilizan unos 120 litros por cada baño.

Pero el agua también se utiliza para el escusado (6 litros cada vez que se jala la cadena), para lavarse las manos (3 litros) y los dientes (4 litros), para lavar los trastes (20 litros) y la ropa (30 litros). Cada quien tiene sus particularidades, por ejemplo, hay quienes tienen lavadora de trastes y si ésta es eficiente gastará unos 14 litros, pero si no lo es gastará hasta 70 litros. Hay quien se baña en tina, que utiliza unos 190 litros y hay quien no le jala a la cadena hasta que es estrictamente necesario, por lo que se estaría ahorrando entre 18 y 26 litros por día. Finalmente, hay gente como Luciano Quadri, que trabajó en la Secretaría del Medio Ambiente del GDF durante este sexenio y que es hijo del ex candidato del PANAL. A este ahora diputado plurinominal suplente del PANAL se le ocurrió twittear “todo aquel que puede pagar el agua tiene derecho a desperdiciarla”. Como él ha de tener mucho dinero por sus negocios -y los de su padre- con el GDF y el PANAL, pues ha de desperdiciar muchísima agua.

Para todo aquel que quiera saber cuántos litros de agua consume al día están estas páginas que pueden ser útiles:

http://ga.water.usgs.gov/edu/sq3.html
http://www.csgnetwork.com/waterusagecalc.html

En promedio, muchas personas gastan en la Ciudad de México alrededor de 200 litros de agua al día. Por supuesto que no es así en todas las regiones de la metrópoli. En Iztapalapa las personas acceden a cerca de los 50 litros al día cada una. Por otra parte, las personas que tienen jardín tienen que sumarle otro 300 litros diarios sólo para regarlo.

Basados en estos promedios, los 8 millones de habitantes de la capital utilizamos unos mil seiscientos millones de litros al día para consumo doméstico. Es mucha agua y parte del problema es buscar de dónde la obtenemos.

Puesto que “la visión del tubo” impera entre los tomadores de decisión, ahora se está buscando contar con pozos de más de dos mil metros de profundidad. Entubar el agua suena como un logro de la ingeniería, pero para mucha gente en realidad es una locura, para comenzar, por la mala calidad del agua. Esto se debe a que a esta profundidad el agua se ha tardado en llegar varios cientos de miles de años. En ese proceso ha pasado por múltiples tipos de suelo, durante los cuales muchas sales y metales pesados se han disuelto en el agua. Por lo tanto, la calidad del agua es baja según análisis de algunos investigadores que ya habían explorado la posibilidad de explotar mantos acuíferos tan viejos. Pero parece ser que a un gobierno que no le importa dotar a la población de agua con geosmina (una sustancia tóxica provocada por algas) en temporada de secas, y que permite que la Delegación de Iztapalapa, con casi dos millones de habitantes, reciba agua con color y olor a azufre, probablemente le importe poco dotar a los capitalinos con agua con metales pesados, pues las consecuencias en salud se verán hasta dentro de varios años. El argumento repetido de estos tomadores de decisión es: “es esta agua o ninguna”.

La tendencia de muchos tomadores de decisión es utilizar las llamadas aguas “fósiles” (en referencia a que llevan muchísimo tiempo ahí). En una plática con la Dra. Elena Burns, autora del libro “Repensar la cuenca”, me indicó que con esta política de tener cada día más pozos, cada año estamos consumiendo lo que se infiltró en doscientos años. Por lo tanto, en un periodo de 10 años estaríamos tomando agua que se infiltró en tiempos de Jesucristo.

Por ello, cada día más personas dedicadas al tema de ramas de la ciencia como la ecología, sociología, geomorfología, geografía, edafología, economía e ingeniería están llegando a una conclusión muy parecida: para dotar de agua a las ciudades como el DF, es fundamental utilizar aguas llamadas “frescas”. No nos referimos a las de sabores que hay en vitroleros, sino a aquellas aguas que se acaban de infiltrar o que acaban de llover. Cada año llueve 10 veces más de lo que necesitamos para nuestro consumo en la ciudad. Si logramos captar sólo el 10% del agua que llueve, no tendríamos que utilizar los pozos ni el Sistema Cutzamala.Este tipo de conclusiones es a la que se llega a partir de hacer un balance general de lo que nos llueve y lo que tomamos como se ve en el libro “Repensar la Cuenca” de Elena Burns

El otro argumento por el cual es preferible modificar “la visión del tubo” hacia esta nueva forma de desarrollo, en la que hay que buscar que el ecosistema sea nuestro aliado, se basa en lo dicho en un video producido por las Naciones Unidas, que explica el funcionamiento del ciclo del agua y las consecuencias de tratarlo mal, para verlos haz clic aquí.

Fragmento del video de la ONU realizado por el Día Mundial del Agua 2012

El problema es que es necesario luchar a contra corriente con los representantes del tubo, que desgraciadamente están en altos puestos de decisión. Hace poco, en el foro de “El Derecho Humano a un ambiente sano”, organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, un representante de ANEAS (Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México AC), indicó que estos conceptos del ciclo del agua se deberían de quitar de los libros de primaria, puesto que el agua llega a las casas gracias a los tubos y no a la naturaleza. Probablemente para él los ecosistemas funcionan solamente cuando existen tubos de desagüe y plantas de bombeo. Así, este representante de una de las organizaciones más influyentes en temas del agua, echó por tierra no solo los textos de primaria y lo que piensan organizaciones como la ONU, sino el mismo funcionamiento de la naturaleza.

Dentro de la nueva forma de pensar, es necesario involucrar no solo la provisión, sino el consumo. El consumo de agua no será un asunto clave para algunos individuos como Luciano Quadri, pero sí debe serlo para los gobiernos que están preocupados por la calidad de vida de sus habitantes. Un ejemplo de esto es el gobierno del Estado de Arizona, EUA, que mandó a hacer un estudio a la Arizona State University para saber cuáles son los escenarios de la provisión de agua para las ciudades de Phoenix y Tempe en 50 años. Se realizaron cálculos basándose en múltiples factores como los personales (regaderas ahorradoras, albercas y cambios en los escusados), los ecológicos (cuánta agua tenía el Salt River) y los políticos (cuánta agua de ese río está asignada a ese estado). En este estudio también se consideró la agricultura y las proyecciones económicas del Estado. Una de las conclusiones fue que la mejor forma de ahorrar agua era cambiando la visión de que los jardines tienen que tener pasto. Se hizo una campaña publicitaria para promover jardines con vegetación natural (cactus, magueyes, etcétera) y la ciudad se ahorró mucho en agua.

Esto también se hace ya en Ciudad Universitaria. El programa llamado PUMAGUA está buscando reconvertir muchos de sus jardines con pasto en jardines con vegetación nativa del pedregal. De esta manera, se podrá ahorrar mucha agua en la Universidad. Esto es mucho mejor que buscar nuevos pozos a dos mil metros de profundidad.

Bajo este panorama, si como ciudadanos nuestras acciones se limitan a poner cubetas debajo de la regadera, y con esto creemos que estamos haciendo mucho por la sustentabilidad del agua en la ciudad, vamos rumbo al fracaso. Nuestra acciones personales sí deben de incluir el ahorro del agua, pero también un cambio de visión como sociedad. Por ejemplo, debemos de exigir a nuestras autoridades un cambio de paradigma que contemple el manejo del ecosistema como la regeneración del Río de la Piedad. Ahora bien, el consumo de cada ser humano no sólo se limita a nuestras casas, también involucra lo que se consume en la agricultura y en la industria. El próximo artículo versará sobre esto.

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