Transitando la ciudad

María Bustamante Harfush

En la lateral de Periférico hay un templo de pianos…

Por , @MariaBHarfush , 26 de marzo de 2012

Sal del metro Constituyentes y camina o ve en bicicleta a la tienda RMusical, ubicada y, sin que se den cuenta, acaricia y siente lo que es un piano recién laqueado. De ahí puedes visitar la Iglesia de San Diego en la misma lateral del Periférico, La Santísima, el Museo del Papalote o la Casa Estudio Luis Barragán…

La casa antigua donde mi padre aprendiera a tocar el piano y a valorar la música de por vida era una belleza estilo europeo, con amplio jardín y una fuente al frente, además de un gran pórtico con columnas a los lados que llevaban a amplios salones. Era un templo para la música. Lamentablemente fue demolida y desde entonces el predio lo ocupa un estacionamiento. La Academia sigue dando cursos en su nueva sede en División del Norte, al sur de la ciudad.

En esa casa mi padre aprendió a tocar apasionadamente la música de los clásicos, su favorito, Franz Listz. Sus manos fuertes, impetuosas, seguras tocaban en la radio de aquellos tiempos conciertos que llegaban directo a las hogares. Sin embargo, y a pesar de ese ímpetu y buen comienzo, llegó la edad en la que tuvo que decidir entre seguir la carrera de concertista, tocando en el restaurante SEP’s, en la radio y eventos o, en estudiar la carrera de Ingeniería Civil. Se decidió por la segunda.

Piano de cola Petrof laqueado en blanco, con la tapa abierta mostrando las cuerdas. Fotografía hecha en RMusical por María Bustamante Harfush, enero 2010

En la casa de mi abuela -a la vuelta de la academia de música-, siempre estuvo en la sala un piano vertical, que tenía además una antigua pianola. Me gustaba asomarme por las puertas que se  abrían al frente, y que servían para hacer el cambio del rodillo de la pianola, por ahí podía ver el intrincado interior del piano, lleno de cuerdas que producían los insospechados sonidos. Las teclas eran más ásperas, antiguas, como de marfil seco. El banquito guardaba numerosas partituras.

Después en mi casa de la infancia nos acompañó otro pequeño piano Yamaha, que era tocado por mi padre con todo entusiasmo, en las fiestas familiares. Las teclas eran suaves, como si tuvieran encima una cubierta de concha nácar. Teníamos el respeto y el cuidado de cubrir todo el teclado con una felpa color rojo guinda y siempre se mantuvo intacto. Aún hoy en día se mantiene afinado. Mi sobrina Ana ahora compone canciones en él y aún estando en el elevador, ocho pisos abajo, se escucha armonioso.

No fue sino hasta hace poco tiempo, que en uno de sus cumpleaños, mi padre se auto-regaló un piano de un cuarto de cola negro. El piano que es su gusto y la música, que es fundamental en su vida, han vuelto a su lado.

El piano lo adquirió en Rmusical, ubicada en Tacubaya. Todos hemos visto la tienda magníficamente publicitada con el piano a gran escala que se ve al ir sobre la Lateral del Periférico esquina con General Méndez, muy cerca de la Delegación Miguel Hidalgo y del Museo del Papalote. La empres  es una de las más antiguas en México dedicadas a la venta de pianos, en principio los famosísimos y finísimos Petrof, pero también de otros como Yamaha, Bechstein y Steinway & Sons. Además se han especializado en la fabricación, importación, cuidado, mantenimiento, restauración y afinación.

Tienen diversos talleres en la zona, donde los afinan, los pulen, los laquean en negro o en blanco y donde también restauran algunas joyas históricas que hay en la ciudad. También se han puesto al día e instalan aparatos electrónicos que sustituyen a las antiguas pianolas, los cuales también tocan autónomamente la música de un CD o graban lo que uno ha compuesto.

El taller con su gente hacen un lugar mágico. Los pianos se extienden por todas partes, cada uno con su historia, con un origen distinto, de una residencia diferente. No había visto en la vida una laqueada tan perfecta sobre la madera. Pasar suavemente la mano sobre la superficie de un piano trabajado en RMusical es como acariciar una perla o un auto recién encerado.

Ahora que escribo y les comparto estas anécdotas viene a mí la música que mi padre interpretaba, puedo sentir cada golpe entre las teclas negras y blancas y puedo recordar la tonada de tantas canciones que me han acompañado siempre.

Recuerdo también cuando de pequeña me puse el reto de tocar una pieza que venía en un libro de partituras. Mi aprendizaje se acercaba a lo básico, a leer las notas simples, no complejas; sabía leer las notas negras sobre el pentagrama y el orden de éstas en el piano. La música era El Delfín Azul.  Me llevó horas y no lograba dilucidar cómo sonaba esa pieza completa. Cuando llegó mi padre a casa, le pedí que me la tocara. Quería saber a qué sonaba y si lo que yo había deducido durante horas era correcto. Sin dificultad alguna comenzó a leer las notas y a traducir simultáneamente sobre el piano su sonido. De los ojos a las manos, de la mente al piano, la música se reprodujo.  Mi padre había logrado la magia de la música. Desde entonces es para mí una de las canciones más sencillas y bellas que he escuchado. Yo sólo aprendí a tocar “Los Changuitos”, las primeras estrofas de “Para Elisa” y “El Delfín Azul” lo interpretaba de manera torpe, a partir de lo que aquella tarde mi padre me había logrado transmitir magistralmente.

Dedico éste artículo a mi padre, el fue concertista de piano en su juventud. Tomó clases con el Maestro Carlos del Castillo, quien fue Director del Conservatorio Nacional de Música y fundador de la Academia Juan Sebastián Bach, ubicada en la Calzada a Tacubaya (hoy Circuito Interior) y Agustín Melgar.

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  • Raul

    Chubi,
    Que hermoso recuerdo. Me hizo llorar y recordar tantos momentos que hemos compartido. Incluso el ultimo viaje a Mexico papa me deleito con su nuevo piano de cola, me encanto, fue de lo mejor de haberlo visto.
    Sigue adelante con tantos proyectos y sorpresas como hasta ahora.
    Te quiero mucho Maria.
    Tu hermano RAUL.