“Está chido, pero falta educación”. No

Por Andrés Sañudo, @LeonoSan , 17 de abril de 2013

Quienes me conocen saben que por años he molestado a la gente y distorsionado conversaciones en reuniones con personas de diferentes grupos: trabajo, amistad, familia. Suelo orillar a veces, y dejar orillar otras tantas, los temas de la plática hacia aquellos que son de mi interés (para ahora ya habrá algunos riendo por haber sido víctimas de alguno de estos “intenseos” de mi parte.) Generalmente los temas de conflicto son los de la vida pública urbana, con una gran recurrencia en aquellos que involucran el desarrollo de la ciudad (uso y aprovechamiento del suelo, sea público o privado) y las formas que se ofrecen para acceder a ella (accesibilidad a los usos).

Esta persistencia a arruinar los viernes por la tarde de mis conocidos, “intenseando” con todo lo que creo que podríamos implementar para alcanzar lo que considero -¡yo!- una mejoría en la calidad de vida de los que habitamos en esta ciudad -y del país-, me ha llevado a descubrir que basta con que la “discusión” dure al menos 10 minutos para lograr un acuerdo entre las partes: “es que el problema es la educación”. ¡Pum! Aún no encuentro el caso en que esto no provoque un asentimiento de la contraparte. Pareciera que es un acuerdo nacional en el que encontramos la identidad común anhelada. Incluso nos une más que la selección nacional -aunque todavía queda uno que otro que en pleno mundial se da el lujo de contestar que le va a España-.

Perfecto. El paso uno para resolver un problema es que haya un acuerdo entre los actores. Pero no, a mi entender este acuerdo ha derivado en la parálisis. Una de mis labores es tratar de estar enterado, lo más posible, de lo que se esté haciendo en otros lugares en cuanto a mejorar la movilidad y el desarrollo urbano, evaluar su éxito y, en su caso, promover su implementación -con su debida “tropicalizada”-.

También, muchas veces nos encontramos con esta respuesta “mata-discusiones” para justificar que no se deben implementar proyectos como los instrumentos para incrementar el uso de la bicicleta, priorizar al peatón o reducir el uso del auto, “hasta que estemos educados”. Repetimos y repetimos que “en México no estamos listos para utilizar la bicicleta como en Copenhagen”, ni para tener una tasa de accidentes de tránsito como la de Islandia o una política de estacionamientos con objetivos de reducción del uso del auto como en Tokyo o Zurich, por que no, no estamos listos, no estamos educados para ello -entre otras cosas-.

Llevamos décadas teniendo el acuerdo común de que la educación es el problema, sin embargo, pareciera que no podemos compararnos con otras ciudades “porque no tenemos el mismo contexto ni el mismo nivel de educación”, para citar de nuevo. Veamos por otro lado, la ironía: sí nos comparamos y pertenecemos a cuanta organización internacional se puede -ONU y derechos humanos, por ejemplo- y nos damos el lujo de liderar una que otra organización regional. Creo que esto implica que de alguna manera sí queremos ser un poco como ellos, los extranjeros, o al menos gozar de algunos de los beneficios que los vemos disfrutar en su calidad de vida. Y pues si quieres “ser” como los países contra los que nos comparamos y evaluamos en todos los rankings de cualquier temática, cópiales.

Me refiero a que a través de políticas públicas, accedamos a una “mejor educación cívica” mediante el logro de esos objetivos que tanto cacareamos como ciertos y que así se incentiven estos nuevos comportamientos, apoyémonos en esquemas de premios y castigos: educa y mejora sobre la marcha.

Se vale estar en desacuerdo a esta opción -como a todo-, pero si esa es la postura, entonces también deberíamos exigir nuestra salida de estos organismos y rankings, confiar en que nuestros usos y costumbres actuales traerán por osmosis la educación anhelada. Y sobre todo, necesitaríamos pensar que los daneses nacieron ciclistas, los islandeses sabiendo las reglas al manejar y los suizos sin coches que estacionar.

Esto es un llamado a implementar proyectos, a no frenar con pretextos comunes, a evaluar(nos), monitorear(nos) y mejorar(nos). Las ciudades son dinámicas y esperar resultados distintos implica cambiar las bases y los paradigmas. Construyamos los casos de éxito de largo plazo y para eso tiene que haber un corto plazo, y para eso tenemos que empezar por algún lado en algún momento.

No podemos seguir creyendo que una mejor movilidad urbana (sustentable, equitativa, plural y cualquier otro adjetivo cliché que se nos ocurra) va a llegar con subsidios a combustibles y destinando el 70% de la inversión federal en transporte y movilidad a proyectos para beneficiar el uso del auto, subsidiar el estacionamiento en la gran mayoría del territorio público y privado, no evaluar la pericia para otorgar licencias de conducir, criminalizar al peatón y deteriorar el espacio público. El mexicano responde a incentivos al igual que los ciudadanos de otros países. Éstos no tienen y no pueden ser idénticos, pero hay ciertos principios que parecen tener impacto en la mayoría de los casos. ¿Por qué no intentarlo?

El dinamismo de la ciudad me recuerda a un juguete. Juguemos (responsablemente: premios y castigos) con ella, para lograr los objetivos comunes. Jugar con la ciudad es implementar los cambios, copiar los casos de éxito y modificar sus reglas, el objetivo es buscar su mejor adaptación a nuestro contexto. Si estamos homologando nuestros objetivos, mediante esas organizaciones internacionales, con esos países “mejores”, es necesario empezar a homologar también los instrumentos. Usemos las ideas centrales y la mejoremos sobre la marcha, al fin y al cabo, todos somos humanos.

Recientemente, Janette Sadik-Kahn, comisionada del Departamento de Transporte de Nueva York, decía en el Congreso de Transporte Sustentable palabras más o menos así: “se hace una calle peatonal, si al año se evalúa que no ha sido tan positiva PARA LA CIUDAD como se esperaba, se modifica para mejorar, o se quita. Hoy en Nueva York no se ha quitado nada.” Cabe recalcar que en Nueva York se está impulsando la movilidad sustentable como la Ciudad de México, con calles peatonales, ciclovías y más.

Retiremos los subsidios al combustible, invirtamos los recursos de acuerdo a la distribución modal (medio de transporte) que deseamos, incentivemos un menor uso del auto mediante un desarrollo urbano denso y compacto (otro lugar común sin implementarse) y cobrando el justo precio de las externalidades de su uso, seamos estrictos con la emisión de licencias de conducir, jerarquicemos al peatón en el espacio público, vigilemos la aplicación de la ley y evaluemos periódicamente la consecución de objetivos de corto plazo, alineados con el mediano y el largo, y replanteemos la continuidad o modificación de las políticas.

Creo firmemente que este camino no puede ser más lento que el actual, que la urgencia por cambiar las políticas públicas nunca dejará de existir y por eso, más vale empezar de una vez.. “La definición de la locura es continuar haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”. Albert Einstein.

Temas: , , , , , , , , ,

  • http://www.facebook.com/sumamente Sergio Salgado

    Un artículo demasiado largo para descubrir el agua tibia. La idea de fondo es: si una sociedad no modifica su conducta -buscando el bien común- por convicción, entonces hay que lograr el bien común modificando dicha conducta por obligación. Eso es el principio de las leyes, si todos hicieramos lo correcto por convicción entonces no necesitaríamos ley alguna. Espero que el autor no sea tomador de decisiones en movilidad urbana, sería preocupante.

  • http://www.facebook.com/aldo.anzures Aldo Anzures

    Andrés me gusta tu posición apasionada y con impulso a la mejora. Lamentablemente, es en la esfera de políticas publicas en donde se ha “tropicalizado demasiado” y se han hecho muchas intervenciones de corto plazo, que por lo que entiendo, tu aplaudes.

    También entiendo que los ámbitos que tu dominas han estado paralizados por AAAAÑOS, y te gustaría ver cambios inmediatos. Empero, soluciones a corto plazo no son las soluciones, ni aqui , ni en China, ni en DF.

    Pensar en soluciones que den resultados inmediatos es pensar que hay balas de plata para todo. La movilidad urbana o la educación no son balas de plata. No son vacunas que le inyectas a la gente y de repente se les quita la gripita. Naranjas!! son procesos sociales que necesitan planeación, cocción e implementación. ¿Acaso pintar la raya amarillita en Chapultepec no fue una opción a corto plazo? Como ciclista, hubiera preferido que se tardaran más en poner una buena señalización, un buen parqueo de biclas y semaforos que funcionen, en lugar de pintura que no sirve para nada. Sin embargo, fue una solución a corto plazo.

    O te orillo a mis terrenos, la educación. Enciclomedia fue un graaan programa, pero por implementarlo a corto plazo, no se penso en la profesionalización de docentes, uso de TICS, etc… entonces al final fueron millones de pesos tirados a la basura, un odio a las tecnologías por parte de muchas escuelas, y una falta de convicción en las tecnologías como medio para sanear la didáctica tradicional. Si nos hubiéramos aguantado tantito las “ansias”, y se hubiera implementado ese programa después de que educas a los docentes en las normales, UPN, etc… otro gallo cantaría…

    Supongo que se ganaría más a largo plazo si se educa a los policías, peatones, docentes y biciclet@s con un buen programa de educación vial, con leyes que lo apoyen, a que si se cierra una calle, se hace peatonal y después na mas se pide perdón.

    Espero de algo sirva el rebote de ideas….. Me encantaría ver tu pensamiento dialéctico y que escribas un artículo que contradiga todo lo que dices en éste. Hay mucha evidencia en la esfera de políticas publicas.

    Por último si te interesa todo el rollo de Policy travelling y borrowing. Gita Steiner-Khamsi escribe sobre como adoptamos politicas, las tropicalizamos y las aplicamos en contextos surreales a los originales.

    Saludos!

    Aldo

    • http://www.facebook.com/asanudog Andrés Ñi Sañudo Gavaldón

      Mi estimado Caco! Antes que nada cómo estás canijo?
      Ahora sí, no hablo de balas de plata. En todo momento hablo de monitorear, evaluar y mejorar (o incluso quitar) justo porque no son balas de plata. Lo que sí me parece increíble es el pretexto común que usamos de “no estar educados” o el “es cultural” para no intentar nada. Y si no se intenta, no se puede monitorear, evaluar y mejorar (o quitar). Sin duda, a la par tiene que haber esfuerzos de planeación y de continuidad de algunas cosas hacia el largo plazo.
      Resguardamos el status quo bajo el pretexto de nuestra educación y cultura, pero nos quejamos sin cambiar los incentivos.

  • Jorge Martínez

    Andrés, entiendo perfectamente el espíritu de tu artículo y te felicito por él. ¿Sabes? Yo he visto, en México y en otras partes del mundo, cómo cuando los ciudadanos se anticipan a los gobiernos impulsando ideas innovadoras (eventualmente retomadas de otras partes), muchas veces terminan convirtiéndose en políticas públicas. Y también he visto cómo, en ocasiones, gobiernos progresistas se anticipan a las sociedades que gobiernan con políticas públicas del mismo corte. Lo cierto es que en ambos casos se genera, de manera natural a mi juicio, un nivel de polémica que varía en dependencia de varios factores: el nivel formativo, o, el desarrollo de conciencia, digamos, más que estrictamente “educativo”; los intereses que hay en juego y pueden verse amenazados; las afectaciones concretas que aquélla idea le provoca a determinados sectores de la comunidad; etc. Vivir en sociedad es así, y es normal que esto ocurra con mayor intensidad en las ciudades. Finalmente, creo, pues todos queremos ampliar el goce y disfrute de la ciudad en tanto espacio común y
    comunitario, y satisfacer ese sentido
    de pertenencia recíproca a veces no racionalizado pero profundo: la Ciudad me pertenece al mismo tiempo que yo le pertenezco a ella. Visto así, yo celebro mucho que se viertan propuestas, deseo que se enriquezcan, y que se pongan en práctica en beneficio de nuestra calidad de vida. Sea!

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