Xavier Treviño

Estacionar en las calles, valet parking y el asunto del dinero

Por , @xtrevi , 10 de octubre de 2012

Se llaman -o los llamamos- “franeleros” y valet parking, y son, desde hace mucho tiempo, algo así como los villanos públicos número uno de los barrios y colonias centrales de la Ciudad de México. Hay en general una alta carga emocional negativa hacia su trabajo, vinculado fuertemente con el uso que hacen del espacio público para actividades de estacionamiento de vehículos. De hecho, en términos de comunicación, el programa de parquímetros en Polanco tuvo una aceptación altísima justo después de que los “franeleros” organizaran una manifestación, oponiéndose a la instalación de los aparatos. Tal es el rechazo público a su operación desregulada e informal, que cualquier bandera que tomen sería altamente desprestigiada solo por ese hecho.

¿Pero por qué esa reacción más emocional que racional contra su trabajo? ¿Hay argumentos para una crítica objetiva a estos polémicos actores de las calles? Voy a hablar de tres: la privatización del espacio público, la eficiencia en términos de logística,  y los supuestos beneficios al comercio y a los consumidores.

El primer argumento a analizar -la privatización de la calle- es el más recurrente cuando se habla del tema y, también, el más usado respecto a la implementación de parquímetros. Buen argumento en principio, pero parcialmente cierto. Tomemos para este caso los conceptos “privado” y “público” respecto a su uso y no respecto a la propiedad, ya que con éste último no tiene sentido, al ser la calle propiedad de la ciudad.

Veamos. Un bien es privado solo si cumple con dos características al mismo tiempo: que sea “exclusivo” -solo puede ser usado exclusivamente por ciertas personas- y que sea “rival” -alguien que lo usa le impide asimismo a otro hacer uso de él-. Es claro que al cobrar “derecho de piso” como hace el franelero, el espacio de estacionamiento se restringe solo a los que aceptan pagar, con lo que cumple con la primera de las características antes mencionadas. Y resulta que la alta demanda de estacionamiento -que rebasa la oferta existente en la calle- hace que también se cumpla con la segunda, por lo que habrá razones para reconocer que el franelero actúa como si la calle fuera un bien privado.

Sin embargo, si ajustáramos el precio del estacionamiento en la calle, de manera que se redujera la demanda por debajo de la oferta, el atributo de rivalidad desaparece, y aparcar se vuelve un bien de uso controlado -pero no privado-, como el agua, la electricidad o la TV por cable: el que lo pague recibe automáticamente el servicio. Si por el contrario, el franelero desapareciera sin que se establezca una tarifa por el espacio de estacionamiento en la calle, el espacio público -la calle- se convertiría en un bien todavía más sobreexplotado para estacionar, al ni siquiera existir una tarifa informal. En conclusión, lo que privatiza la calle no es el que cobra por su uso, sino que el precio bajo o nulo que se cobra y no permite que esté disponible para todos los que requieran estacionamiento, lo que genera iniciativas informales de gestión.

Esto nos lleva al segundo argumento: ¿Son eficientes estos modelos de gestión del espacio público? En principio, pareciera que sí en el caso del Valet Parking: en vez de que cada conductor invierta tiempo buscando un espacio de estacionamiento con el riesgo añadido de irse demasiado lejos, llegar tarde a la cita o mojarse con la lluvia -por decir solo tres-, dejar el vehículo al valet parking justo en la puerta del establecimiento reduce aparentemente los costos. El valet internalizará la logística requerida a cambio de una precio, encargándose ellos -expertos en la materia- de reducir costos y tiempos. ¡Zaz!, ¡pura eficiencia!

Pues resulta que no: al no haber “barreras de entrada” para otros “jugadores” en el tema de estacionarse en la calle, el valet requiere crear sus propias barreras y así garantizar su capacidad de logística. El resultado es el apartado de lugares y el uso de zonas prohibidas como estacionamiento, por ejemplo: banquetas, cruces peatonales y la doble fila, ya que resultan la única salida para garantizar esta capacidad y poder mover el volumen de coches que los Valet Parking operan. ¿Es esto eficiente? Claramente no, al menos socialmente: las calles se vuelven un caos que genera estrés e inseguridad. ¿La solución? Otra vez: el cobro público de una tarifa por estacionarse en el espacio público. Esto tendría el efecto de eliminar totalmente las barreras de entrada, con lo cual el Valet Parking y el franelero solo podrían cobrar por su servicio -recoger o lavar los coches, por ejemplo- y no por hacerse cargo de la logística de los lugares para estacionar.

Finalmente el tercer argumento es simplemente una ilusión: la operación informal del espacio público no beneficia ni a comercios ni a consumidores ¿Acaso hay valet parking en los restaurantes y bares de Manhattan, o en las cervecerías de los centros europeos? Claro que no. Precisamente porque no hay estacionamiento gratuito en la calle. De hecho los beneficios de estacionar uno mismo su coche son clarísimos. ¿Por qué le dejaríamos a alguien más el coche si podemos estacionarlo nosotros y aprovechar para caminar un par de cuadras en la ciudad -y de paso conocerla-?

Uno de los factores que fortalecen este falso argumento, es el mismo que mantiene la obligatoriedad de ofertar cajones de estacionamiento a establecimientos mercantiles: la ley, y que además establece que si no hay espacio para cajones, se deberá ofrecer un servicio de valet parking a un estacionamiento público cercano. Es decir, tenemos regulación que exige una falsa necesidad, y en los hechos estamos subsidiando conductas ineficientes en el espacio público.

En conclusión, presenté tres elementos que muestran el alto costo de la informalidad actual, en la gestión del espacio de estacionamiento en la calle y los beneficios de ponerle una tarifa formal a su uso, lo que normalmente se resuelve con parquímetros. El solo hecho de la existencia de valet parking y franeleros, refuerza el hecho de que los conductores tienen una alta disposición a pagar por el uso de un servicio. Formalicemos de una vez por todas este servicio público con programas de regulación de estacionamiento en todas las ciudades del país.

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  • Antonio

    Excelentes argumentos, me gustaría que abordaras el tema de los restaurtantes que actualmente se están adueñando de las banquetas para poner mesas en el paso de los peatones.
    Saludos

  • Ines Alveano

    Me quedo con un fragmento del último párrafo: “El solo hecho de la existencia de valet parking y franeleros, refuerza el hecho de que los conductores tienen una alta disposición a pagar por el uso de un servicio.” Acá en Morelia, los comercios del centro argumentan que tendrán menos visitantes si se cobra el estacionamiento en la calle…

  • Guest

    Muchas palabras, pero no toca el tema central. Los parquímetros son el equivalente de los fraileros, utilizan la calle (un bien público) como bien privado ya que cobran por su uso y los dueños son empresas particulares, no el gobierno. Nadie se hace responsable por lo que le pase a tu auto al estacionarlo en el parquímetro, lo mismo que sucede con los franeleros, solo que en su caso, su tarifa es más barata.

  • http://twitter.com/webrizo Webrizo

    Muchas palabras, pero no toca el tema central. Los parquímetros son el equivalente de los franeleros, utilizan la calle (un bien público) como bien privado ya que cobran por su uso y los dueños son empresas particulares, no el gobierno. Nadie se hace responsable por lo que le pase a tu auto al estacionarlo en el parquímetro, lo mismo que sucede con los franeleros, solo que en su caso, su tarifa es más barata.

  • Claudia Montero

    yo he disminuido el uso de mi auto cada vez mas.. prefiero caminar, el metro, la ecobici, que tardar mucho tiempo en encontrar estacionamiento, o negociar “tarifa” con un franelero o arriesgarme a un rayón por quitar un bote aparta lugar.. o pagar mucho a un estacionamiento.. 20 pesos la hora.. qué nadie les ha dicho cuanto se gana en México? yo a manera personal tengo pros y contras con el tema de parquímetros.. los pros son los mismos que comenta Xavier.. los contras.. me ha tocado ver en la colonia Juárez como llegan y ponen las arañas a los que se les paso el tiempo, pero no hacen nada con los muchos estacionados en las líneas peatonales o en doble fila argumentando que “a ellos no les toca”.. entonces te queda la sensación de que no están siendo “parejos”.. Claro que disminuir el uso del coche es vital.. pero tienen que hacerlo a la par de hacer mejoras al transporte público.. donde te sientas seguro.. Hay lugares donde dudo mucho usar la “micro” porque les falta mucha cultura vial.. Pero definitivamente depende de todos, de cada uno de nosotros.. la suma de nuestras acciones y actitudes cotidianas son las que se reflejan en nuestra convivencia.

  • MARCO ROMIA

    ESA ES UNA DISCUSIÓN CIUDADANA YA QUE EL RESOLVER EL PUESTO DE ESTACIONAMIENTO NO DEBE SER UNA COMPETENCIA DE NINGÚN ENTE LLÁMESE ALCALDÍA MUNICIPIO O SU PAR, LO QUE COMPETE A ESOS ENTES ES DAR SEGURIDAD Y TRANSPORTE PUBLICO PARA DEJAR EL AUTO EN CASA PARA LO QUE VERDADERAMENTE SEA NECESARIO