Oscar Montiel

Guía práctica para leer la ciudad #1

Por , @tlacoyodefrijol , 11 de diciembre de 2012

Para leer la ciudad uno no tiene que ser necesariamente arquitecto, urbanista ni geógrafo. Simplemente se necesita ejercitar un poquito el conocimiento al respecto y tomar en consideración que las ciudades están vivas y que cada ladrillo, cada puerta, cada ventana (o la falta de estas) significa algo y cambia el entorno para bien o para mal.

La primer recomendación es: desconfíe de arquitectos, urbanistas, ingenieros de tránsito y cualquiera que se jacte de saber más que usted de la ciudad y a la vez se mueva en coche. Uno no ha disfrutado o sufrido una ciudad hasta que no la ha caminado por varios kilómetros.

Ahora bien, como mencioné, cada elemento que hay en la ciudad la afecta. Cada distinta construcción le da o le quita habitabilidad, cada calle tiene algo que hace que uno prefiera detenerse en ella o simplemente seguir de largo.

Tomemos como ejemplo la Ciudad de México, es tan amplia y variada que creo es un bueno.

Piense usted en el Centro Histórico. Esta zona fue trazada de manera que la ciudad creciera en una cuadrícula casi perfecta a partir de lo que ahora es el zócalo. La mayoría de sus plantas bajas tienen múltiples accesos, además de ventanas que dan hacia la calle, lo que significa ojos, vigilancia natural, gente entrando y saliendo, movimiento. Las calles del centro se diseñaron para caminar y para que hubiese movimiento en ellas durante el día y la noche, son angostas y por ello, no es raro ver varios coches parados a lo largo del día porque no caben bien.

Foto por Oscar Montiel

Vayamos ahora al sur, al Pedregal de San Ángel. Esta zona residencial es una de las más caras de la ciudad. Lo que se vende es el lujo de vivir lejos de todo. El problema es que ese lujo genera un gran vacío en esa zona de la ciudad. El Pedregal es una zona sin actividad en la calle y con poco o nulo comercio: los servicios están concentrados en una zona al centro de la colonia y en un gran centro comercial a la salida de ésta. Lo único que se ve conforme se transita por ahí, son muros y portones de casas en terrenos enormes. Las banquetas están al mismo nivel del pavimento, lo cual facilita que los automovilistas las utilicen como bahías de estacionamiento y porque casi no hay peatones. De hecho, caminar no se antoja, sin embargo, los que tienen que hacerlo por necesidad, recorren varios kilómetros de calles llenas de muros solo para para llegar al transporte público, el cual cruza por una única calle. El uso indiscriminado del auto tiene todo para florecer aquí. ¿Se le antoja un pan dulce? Tome su coche y vaya a dos kilómetros, hasta la única panadería de la colonia.

Siguiendo con el sur, veamos Calzada de Tlalpan. Cortada por el metro desde su inicio en el Centro Histórico. ¿Alguna vez ha usted tratado de cruzar esta avenida? La única manera de hacerlo es por un puente peatonal o por los puentes que dan acceso a las estaciones de metro. Hay también, si se es muy valiente, la opción de cruzar por unos pasos a desnivel para peatones. ¿Para peatones? Todos estos puentes e inventos se hicieron para que los coches no tuvieran que parar. Ocho carriles de alta velocidad que se supone que tienen una velocidad máxima. Ni siquiera los cochistas la tienen fácil para cruzar esta avenida.

Primeros tres ejemplos para empezar a leer la ciudad. Ahora bien, ¿qué pasaría si se cambiara algo de éstas? ¿Se le ocurre a usted, querido lector, alguna otra propuesta de lugar? Siéntase libre de comentar.

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