El gen ciclista

Alan Huber

La terapia implícita de la bici

Por , @AlanHuber , 12 de enero de 2012

Lo invencible que te hace sentir una bajada, solo se compara con lo mortal que te hace sentir una subida.

Existen muchas razones por las cuales uno opta por usar la bicicleta como medio de transporte, entre ellas, el ridículo tráfico de la ciudad, el ejercicio que uno hace al rodar, el dinero que se ahorra al no usar el automóvil, pero probablemente la razón más contundente es esa “terapia” que se lleva acabo mientras tus piernitas mueven la hermosa bicicleta -sip, todas son bellas-.

Vivimos en un mundo que exige ser multitasking: manda el mail mientras cotizas X producto, mientras contestas el teléfono, mientras te despides del cliente, mientras arreglas tu celular, mientras transfieres tal dinero. Todo es en un instante, todo es a la vez, todo conlleva responsabilidades y todo estresa… Lo bueno es que TODO se olvida cuando pedaleamos una bicicleta. En lo único que piensas es en el auto delante de ti y su predecible siguiente movimiento -bueno, casi siempre predecible-.

La bici pone la mente en blanco y el cuerpo en acción, nos hace sentir vulnerables y eso, eso señores, es necesario. A continuación me explico un poco más:

1) Pone la mente en blanco: muy simple, o te concentras en el momento o te vas a caer. Es difícil -y que bueno que lo es- logar un pensamiento muy profundo mientras esquivas al taxi que se orilla sin avisar. Esto produce un espacio para la mente, se descansa de uno mismo.

2) Pone el cuerpo en acción: es evidente que al pedalear uno consume energía lo cual genera endorfinas y otras cosas que no se pronunciar, pero son de mi querer. Hacer ejercicio -según los expertos- es bueno para ti, así que hagamos ejercicio, y que mejor que ejercicio con sentido: la bicicleta te mueve de A a Z.

3) Nos hace sentir vulnerables: aunque moverse en bici es mucho más seguro de lo que en general se cree, usarla nos hace sentir más de cerca los riesgos, somos mortales y por ese simple hecho, en cualquier segundo, esto que llamamos vida puede terminar.

Con la bicicleta hay retos que enfrentar, no son los retos de la vida, pero son suficientes para poner un poco de perspectiva: no somos invencibles, sí nos podemos cansar y sí nos podemos caer. La humildad que te puede hacer sentir un par de piernas cansadas, una respiración agitada o la calidad del pavimento de las calles de la Ciudad de México te dura todo el día, enfatizando así en que estamos aquí y estamos vivos.

Eso es lo más hermoso y en mi opinión, en lo que más aporta la bicicleta.

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