Transitando la ciudad

María Bustamante Harfush

Las ruinas del Pensil Mexicano

Por , @MariaBHarfush , 28 de febrero de 2012

Ve a la estacion de metro “San Joaquín”, en bicicleta o caminando, esa estación debe su nombre al gran río que hoy conforma el Circuito Interior, camina 3 cuadras sobre Lago Chiem en dirección al antiguo poblado de Tacuba. Sobre Lago Trasimeno encontrarás la Iglesia de Santa María Magdalena Tolman, parroquia de uno de los 14 barrios originales. Una cuadra más sobre Lago Chiem, encontrarás del lado derecho la barda antigua con su portada, donde aún en ruinas luce majestuoso el acceso al Pensil Mexicano… Una cuadra más adelante esquina Felipe Carrillo Puerto, verás una gran construcción conocida como La Casa de la Perulera -de la cual hablaremos en otra ocasión-, y 6 cuadras más adelante, llegarás a la Parroquia franciscana de San Gabriel Arcángel, una de las obras más antiguas del pueblo de Tacuba, donde podrás volver nuevamente al metro.

Cuando te detengas frente al acceso del Pensil Mexicano, piensa en lo siguiente: Las colonias Pensil en la Ciudad de México, las cuales son 6: Pensil Norte, Pensil Sur, Cuauhtémoc Pensil, Reforma Pensil, Modelo Pensil y Ahuehuetes Anáhuac, deben su nombre a ese fantástico jardín virreinal localizado en las afueras del poblado de Tacuba, en uno de sus 14 barrios originales, el de Santa María Magdalena Tolman. El jardín se esconde detrás de la gran barda de piedra en el número 84, localizada sobre la esa calle que actualmente conocemos como Lago Chiem.

Tras la barda se conservan las ruinas de lo que fuera una gran casa solariega o villa de descanso, una pequeña capilla y su “jardín exuberante” de varias hectáreas, junto a una huerta. Todo lo anterior se encuentra reducido a ruinas y a una porción pequeña y bien cuidada del jardín. Curiosamente, ni la calzada principal a Tacuba, hoy Lago Chiem, ni la colonia donde se ubica que es Ahuehuetes Anáhuac, que irónicamente tiene otro nombre y es la que aloja al Pensil Mexicano, nos refieren a su origen.

La construcción data del siglo XVIII y está considerada Monumento Histórico desde 1932 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia; se encuentra incluida también en el Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del INAH, con el numero 0901 1005 0001, en donde lo refiere como “Pensil Mexicano” o “Pensil de las Flores” probablemente en honor al vals del mismo nombre y que inaugurara Ángela Peralta en ese mismo sitio, a finales los años 1700.

Portada de acceso al Pensil Mexicano Fotografía por María Bustamante Harfush, septiembre 2010

La casa fue construida en 1766 y tenía -como era costumbre en las casas solariegas-, un escudo de armas del propietario en la portada principal, en él estaba grabado el de Don Manuel Marco de Ybarra, propietario y bachiller de Teología y Cánones de la Real y Pontificia Universidad de México, propiedad del último virrey de la Nueva España. Después de la Independencia de México, los escudos de armas fueron borrados para no dejar huella del pasado hispano, así mismo, se cuenta que tras la invasión norteamericana en 1847, se cambia el letrero de la portada que decía Pensil Americano por el de Pensil Mexicano.

De acuerdo con Ana María Lara Gutiérrez -Directora de Licencias, Inspecciones y Registros de la Coordinación Nacional y Monumentos Históricos del INAH-, el Pensil Mexicano es el único ejemplo de huerta y jardín virreinal en la República Mexicana, y de los pocos jardines barrocos que sobreviven en América Latina.

Se trataba de una propiedad mucho más extensa que la que podemos observar actualmente, pues se sabe que los límites originales llegaban a las cuatro calles colindantes. El jardín estaba bardeado y contaba con 5 bellos portales con arcos, los cuales comunicaban con el exterior, con la huerta y los terrenos de cultivo. Actualmente existen sólo dos portales.

Vista del jardín en el Pensil Mexicano, portales, caminos y bardas van delimitando los espacios. Fotografía por María Bustamante Harfush, septiembre 2010

 

De acuerdo con Sonsoles Nieto Caldeiro -investigador sobre la historia del jardín barroco en España-, el jardín surge en el siglo XVII cuando Felipe II promueve un programa de transformación del paisaje, incorporando árboles en las urbes y sus dominios. Es probable que al igual que las Leyes de las Indias, estas ideas hayan surgido en el continente Europeo y pronto fueran traídas e implementadas en las casas solariegas de los españoles. Casas que eran llamadas quintas, retiros o villas de descanso con sus jardines llenos de romanticismo, juego, engaño y sorpresa. Espacios entre lo real y lo ilusorio.

Son jardines que se encuentran entre la casa y el huerto, o campo de cultivo. Generalmente estaban decorados y diferenciados con escalinatas, esculturas, canales de agua, surtidores, estanques, bancas y en algunos casos se repetían ornamentos en piedra a base de conchas y rocas como peñas que fueron elementos heredados por el urbanismo y la jardinería barroca italiana.

 

Concha en un rincón del jardín del Pensil Mexicano Fotografía por María Bustamante Harfush, septiembre 2010

En el siglo XVIII se produjeron interesantes jardines decorativos como el de la Casa de la Bola con una influencia clara de la escuela Inglesa y en el Pensil Mexicano, un ejemplo valioso del jardín de recreo con estilo clásico, barroco y con un aire romántico conferido por la exuberante vegetación que puede crecer en nuestra ciudad, de ello se puede leer en el libro Los Jardines de Nueva España de Romero de Terreros.

La capilla con torre, ubicada en el jardín, es una de las más pequeñas y bellas obras del churriguresco mexicano, con una distancia aproximada de 11 metros de largo por 3 de ancho. La capilla de unas proporciones maravillosamente pequeñas, ha perdido su techo, pero aún así conserva todos sus elementos arquitectónicos, columnas detalladas con cornisas y basamentos, arcos con frisos y decorados, vanos de ventanas y puertas perfectamente conservados, la escalera a la torre y medallones decorativos de ángeles en las paredes.

 

Portada de la pequeña capilla al interior del Pensil Mexicano Fotografía por María Bustamante Harfush, septiembre 2010

Se sabe que a principios del siglo XX, la propiedad fue adquirida por el entonces embajador alemán Agathón Gosch Mack, tiempo en que la ciudad de México ya estaba prácticamente unida con la villa de Tacuba. Para los años 30, comenzaron a establecerse rápida y precariamente las actuales colonias Pensil. Cuenta el libro Las colonias Pensil, editado en el 2006 por la Delegación Miguel Hidalgo, que “las personas que venían de la provincia se asentaba en cualquier terreno de la zona, no tenían que pagarlo pero a cambio, tenían que adaptarse a la falta de servicios”. De esa manera es como ser formaron las colonias Pensil.

En 1967, el hijo de Gosch Mack fraccionó y vendió el terreno -a pesar de estar considerado Monumento Nacional-, ocupándose así, paulatinamente por fábricas, bodegas, ladrilleras, casas y edificios, provocando su dramática destrucción.

Vista desde el jardín hacia la construcción en ruina del Pensil Mexicano. Fotografía por María Bustamante Harfush, septiembre 2010

Recientemente, en el año 2009 se comenzó la demolición de varios predios colindantes para la edificación de un extenso conjunto de 249 viviendas, llamada “Vistalagos”, desarrollada por la empresa Marhnos. Al parecer, tras varios desacuerdos y ajustes, se autorizó su edificación siempre y cuando se respetara al máximo el jardín virreinal en todas sus visuales, escalonando y retrayendo el nuevo edificio en su perímetro, y generando una mejor calidad arquitectónica en sus fachadas. A pesar de ello, es una pena ver que, en general, los nuevos desarrollos no consideren de entrada el valor patrimonial de los edificios históricos y artísticos de la ciudad y que los árboles antiguos existentes dentro de los predios sean talados, en vez de integrarlos a la propuesta arquitectónica y a la calidad espacial de las viviendas.

En septiembre de 2010, gracias al Director de Cultura de la Delegación Miguel Hidalgo, Alfredo Reynoso, tuve la oportunidad de entrar al predio. Me sorprendió y fascinó la ruina que queda. Las construcciones mantienen en pie lo que debe estar en pie, el resto se ha caído con el tiempo. El jardín, impecablemente cuidado por su jardinero y el resto, caído en el olvido, conserva aún árboles centenarios e higueras que dan dulcísisimos higos. El pasto completamente verde, se extiende como tapete por entre las ruinas de muros devastados y restos de conchas en nichos espectacularmente decorados.

Desde entonces, se ha tratado de proteger el Pensil de su actual deterioro y abandono, incluso se llegó a solicitar que fuera considerado Patrimonio de la Humanidad (pero debido a su actual abandono se rechazó). Actualmente el Delegado de la Miguel Hidalgo, Demetrio Sodi de la Tijera y la Dirección de Cultura de la misma, busca la posibilidad de adquirir el inmueble para convertirlo en un edificio de puertas abiertas al arte, a la cultura. Se está buscando la recuperación de éste inmueble para disfrute de la zona circundante, con lo cual se lograría uno de los mejores propósitos. He pedido a las autoridades que de hacer una intervención, conserven el aspecto ruinoso de las construcciones antiguas, ya que eso le confiere el carácter del paso del tiempo y de los avatares que ha tenido que enfrentar, cosa contraria a la que se experimentaría si viéramos un edificio completamente restaurado y pintado con algún color designado “colonial” u original, ya que original es lo que hoy se encuentra en abandono y es eso exactamente lo que hace valorar su existencia.

Esta nota fue escrita para Transeúnte, pero publicada por primera vez en www.cronistasdf.org.mx

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