Inés Alveano

Lo cercano, aunque pequeño, también puede ser hermoso

Por , @inesalag , 25 de septiembre de 2012

He conocido más gente en las 3 semanas que llevo en mi nuevo departamento, que la que conocí en la casa de un fraccionamiento, que ahora es privado, tras 3 años de vida. Es un resultado serendípico. Sin embargo, no fue esa la razón que me llevó a la mudanza.

El primerísimo lugar lo tuvo la necesidad de vivir más cerca: de mi trabajo, de la escuela de mi hijo, de mis lugares de ocio… Detestaba estar atada al auto para moverme -y eso que sólo son 2 kilómetros de diferencia-.  Media hora al día -15 minutos por la mañana, y otros tantos por la tarde o por la noche- eran los que pasaba atrapada dentro de el automóvil. Insignificantes para el criterio de alguien que invierte -o más bien pierde- una hora o más en el tráfico diario. Sin embargo, esos minutos para mí encarnaban lo necesario para poder desayunar a gusto, por ejemplo, y al mismo tiempo evitar padecer las consecuencias directas e indirectas del congestionamiento vial, como lo son la pérdida de tiempo en ese traslado “pasivo” y la generación de estrés.

Otro problema muy particular era la accesibilidad a panaderías, tiendas, tortillerías, papelerías, tlapalerías, taquerías, etcétera. Estoy acostumbrada a que todo me quede a tiro de piedra.  Mi madre me mal-crió cuando me hizo objeto de todos los mandados ordinarios. De niña, incluso una biblioteca pública, el orquidario y el planetario estaban a distancia para recorrerse caminando desde mi hogar. Además, nunca me faltó un espacio para jugar o recrearme.

El tercero en discordia fue mi ideología: chocaba con la mayoría de los habitantes del fraccionamiento. Yo quería una colonia abierta -como incialmente fue diseñada- y ellos no. Al contrario de lo que analiza Onésimo Flores en uno de sus artículos, creen fielmente que unas paredes y una caseta con pluma les traerá mayor seguridad para sus “bienes”. En lo personal, prefiero que entren a robar a mi casa -aunque se lleven todo-, a que me secuestren por creer que nado en dinero, dado que “vivo en un fraccionamiento privado”. Pienso además firmemente, que un fraccionamiento privado es una demostración moderna de exclusión social.  Es una de las más sutiles formas de discriminación. Se rige por una mentalidad que se deja llevar por la idea de que todo lo que está del otro lado de la pared, es peligroso para mí.  Es el otro al que hay que evitar a toda costa. El otro: sea niño, anciano o mujer, no tiene permitido disfrutar del área verde compartida de nuestro fraccionamiento, porque esta colonia no es suya. Eso es lo que sutilmente se está diciendo.

A decir verdad, hace un año mi casa se vio decorada con grafitis, debido a que pasé varias semanas fuera, y estoy segura que los perpetradores de ese crimen infantil -fue con algo así como crayolas- fueron los mismos niños o pre-adolescentes de mi calle. Hijos de los vecinos que piensan que es el otro -el de afuera- el que hace daño…

Por último, y con mucha menor importancia, se encuentran mis ideas relacionadas con la salud y la enfermedad. Por alguna extraña razón, cada vez que el vecino fumaba en su patio particular, su humo terco se tornaba público y se colaba por mis ventanas: la cocina, el comedor, el baño y las recámaras. La preocupación de que mi hijo o yo desarrolláramos enfisema pulmonar -claro, a la larga-, por ser fumadores pasivos, tampoco me tenía muy contenta.  Sí, soy un poco hipocondriaca.

Mucha gente -incluso la que me conoce- debe estar dudando del uso que le doy a mis facultades mentales. ¿Por qué habría de cambiar una casa con un jardín adjunto, en una zona tranquila y “privilegiada” de la ciudad, por un departamento con áreas compartidas y problemas que se multiplican con cada piso?  Y respondo: porque mis prioridades las marco yo. Decido que mi calidad de vida se determine más por medios públicos, que por medios privados. Es solo de paso que me encuentro con más gente y cosas hermosas en mi camino, porque tengo más tiempo o porque voy en bici o a pie. La serendipia es solo el regalo.

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  • http://www.facebook.com/people/Javier-Ruiz/1087119474 Javier Ruiz

    Yo
    vivo en Tlatelolco, casi siempre he vivido aquí, desde los siete años;
    de joven quería una casa propia en alguna zona exclusiva, es más estuve
    viviendo pocos meses en una zona así,
    nueva y de bonitas casas, lejos e incomunicada, pero por un problema
    geológico tuvimos que emigrar, de nuevo a Tlate; fue cuando me di cuenta
    que aquí tenía todo, todo, hasta el saludo de los perros.

    • Ines Alveano

      Muchas gracias por compartirnos. De hecho, 5 millones de casas han sido abandonadas en México desde hace algunos años, por la incomunicación, la falta de servicios, etc…

  • http://twitter.com/mesh2705 Michelle

    Es la segunda vez que leo este articulo y me identifico de principio a fin. Pasé mas o menos por la misma experiencia y comparto la opinion de Ines.

    • Ines Alveano

      Muchas gracias por tu comentario. Creo que nos mueve bastante la sensatez, ¿no?

  • Alberto

    Vovo en Madrid desde hace 12 años y una de las cosas que me gusta es que casi todo lo puedo hacer o a pie o en transporte público. Cada vez detesto más esas ciudades horizontales (que en México abundan) en las que necesitas el coche para hacer cualquier cosa. También prefiero vivir en un departamento que en una casa con jardin que me obligue a usar el coche todos los días,