El gen ciclista

Alan Huber

Lo inevitable

Por , @AlanHuber , 26 de enero de 2012

Stencil encontrado en una calle de la Ciudad de México, con la leyenda "Todas las calles son mi ciclopista". Foto por Jorge A. G. Matalí

Hay cosas inevitables en esta vida. Quieras o no, el sol saldrá solo para volver a esconderse, mañana será otro día, tendrás que comer y tomar agua, vas a hacer corajes por X asunto, tendrás victorias y derrotas, y eventualmente estarás bajo la tierra o en forma de cenizas dentro de un contenedor. Qué drástico suena, pero es la mera verdad.

Al rodar por las calles, también hay cosas inevitables, cosas que quieras o no van a pasar. Aquí enlisto unas cuantas, para que cuando te sucedan no te impresiones y sí tomes acción para aprovecharlas, o al menos para evitar que te afecten mucho.

1. Ya estas en el suelo manito. No importa si eres el rey del ciclismo, no importa si eres campeón mundial del downhill, tarde o temprano te vas a caer y probaras el amargo sabor del suelo. Sí, te va a doler y sí, lo más probable es que no te pase nada más que un raspón. Ese raspón después se convertirá en costra, la cual eventualmente caerá solo para dejar en tu cuerpecito una hermosa cicatriz, la cual será gran tema de conversación entre tus amigos y herramienta –de la que no debes abusar- para ligar y demostrar que eres bien prendido. Como dice el buen dicho: “el único ciclista que no se cae, es el que no se sube”.

¿Qué hacer al caer? Primero, salte de la vía para vehículos, claro, saca el tuyo también, tu bikla, ¿ella que culpa tiene que no hayas visto el tope? Después revisa que todo tu ser esté bien -checa tu nuevo tatuaje-, y por último, revisa que tu bici pueda continuar -revisa frenos, llantas y que el manubrio siga lo suficientemente alineado con la llanta delantera-. Al llegar a tu destino, cura tus heridas y a tu bicicleta.

El lado bueno es que las bicicletas aguantan mucho, y si es que necesitas cambiar algo, seguramente no será muy caro. Por último, reconoce que el caer es algo hermoso, te recuerda que la precaución es importante, de tu mortalidad y de lo vivo que estás. ¡Que cada caída sea un motivo para celebrar que seguimos vivos!

2. Te das cuenta hasta que vas a hacer ejercicio con gente que normalmente no se mueve en bicicleta, pero ¿ya viste lo sano que estas?, ¿ya viste la condición que te cargas? Esto es increíble, al moverte en bici quemas muchas calorías, aceleras tu metabolismo, expandes tu capacidad pulmonar, secretas endorfinas, entre muchas otras cosas. La mezcla de todas estas consecuencias, provocadas por moverte en bici, se manifiesta en calidad de vida, cosa que todos buscamos. ¡Cómo cambiar tu medio de transporte puede cambiar toda tu vida!, eso es impresionante.

¿Qué hacer cuando te sientes tan bien? Reconocer que estas muy sano -un examen médico después de 6 meses de un uso continuo de la bici comprueba todo esto-, además de seguir usando el promotor de tu nueva y mejorada calidad de vida.

3. Que se enojen ellos, no tú. Ya ni modo: te van a tocar el claxon o gritar de majaderías.

La realidad es que el conductor cotidiano nos ve de forma neutral, ni nos quiere atropellar ni  nos quiere dejar pasar. El momento en el que tú tomes “su” carril, que es justamente lo que debes de hacer, estás molestando al Sr. Coche, estás haciéndolo ir “más lento” y además, te está viendo muy seguro y confiado, cosa que es intolerable para él. Entonces, el o ella, puede reaccionar con su claxon o con el clásico “¡Quítate, esto no es la Condesa!” o el viejo “No estas en un camellón #$@:)#&!”.

¿Qué hacer cuando muestren falta de educación? Antes que nada, esto no debe de ser motivo para dejar la bici, no estamos haciendo nada malo y no estamos violando ninguna ley, en cambio, esto es una clara demostración de la falta de educación del conductor.

Cuando te toquen o griten algo tienes 2 alternativas. La primera es ignorarlo, cosa que para mi es lo más sano. Me desgasta mucho andar discutiendo con conductores enojados, y eso no debe ser un motivo para arruinar tu día. La segunda es educarlos de forma educada, valga la redundancia. Nada de regresar su insulto con otro insulto, eso nos bajaría a su nivel, cosa que como “minoría” no podemos hacer -ni como mayoría, simplemente está mal-. Si vamos a enfrentar su mal gesto, que sea con un gesto propositivo: explícale la razón por la cual no vas en la banqueta, que según el Reglamento de Tránsito Metropolitano de la Ciudad de México, es tu derecho circular por las vías vehiculares y más aún, por el carril derecho. Siempre que lo hagas ten por entendido que, muy probablemente, su reacción será negativa o indiferente, solo existe una pequeña posibilidad de que este conductor entienda lo que le dices y reaccione de forma más “holandesa”.

Dicho lo anterior, creo con certeza que estas “cosas inevitables” en parte son normales. Estamos en un proceso de adaptación, en el cual es inevitable que haya roses por aquí y por allá. Necesitamos más infraestructura ciclista –que es promotora de una armonía coche-bici – y también necesitamos estar presentes en la vida del Sr. Coche -cosa que está pasando, lento, pero seguro-.

Algo que también es inevitable es buscar la felicidad, y si la encontramos arriba de una bikla, pues que mejor. Así que continuemos haciéndolo, creando un mundo mejor y mejores glúteos a la vez.

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