El peatón del aire

Emmanuel Ordóñez Angulo

Ómnibus

Por , @eoran , 31 de agosto de 2012

Debería dejarme de disculpas y aceptar de una buena vez que Julio Cortázar es uno de mis escritores favoritos, a pesar de lo que diga Fernando Vallejo y de que lo diga con cierta razón. Lo que dice es que ningún escritor ha sido capaz de revelar ninguna verdad nunca. O sea, que la literatura es inútil. Las dos cosas me parecen ciertas pero yo no creo que sea un problema; el problema viene cuando dice que, en ese sentido, no existen los buenos escritores: lo que hay en todo caso es buenos prosistas. Y que Cortázar no es ni buen escritor ni buen prosista.

Yo no sé qué es ser un buen prosista, entonces, si no es hacer de un viaje citadino en autobús el episodio más extraño y turbador sin convertirlo en otra cosa. He ahí, justamente, la virtud más evidente de los cuentos de Cortázar: el dominio heroico del mundo fantástico desde el real.

Cuando uno se traslada de un lado a otro de la ciudad, lo que hace es internarse en diferentes universos. Viajar en un autobús urbano es, pues, descubrir una nueva atmósfera, una nueva fauna y una nueva forma de integrarse a ellas: uno sube, paga el boleto y reconoce el entorno: la gente bien y mal vestida, los que escuchan música y los que leen, los que cabecean y los que roncan francamente, los que van acompañados y conversan, los que miran por las ventanillas, los que van a o regresan de un lugar aburrido -normalmente, el trabajo-, los que van a o regresan de divertirse. Si el viaje es largo, uno busca establecerse cerca de los que se le parecen, o cerca de alguien cuya cercanía tenga pinta de agradable. Eso, salvo que se prefiera la comodidad y entonces uno intente identificar quién de la élite de los sentados va a bajar primero según se mueven en su asiento, estudian la zona por las ventanillas o ponen en orden sus cosas para estar listos y ponerse de pie. Entonces tendrá uno que navegar por entre los muchos que codician el asiento abandonado y estar dispuesto a luchar por él.

Si el autobús va semivacío, por otra parte, el universo es otro: un espacio amplio e inexplorado en el que todos los pasajeros, por escasos, cobran relevancia. Las miradas surgen, y los enemigos y las alianzas. La distribución de los pasajeros dibuja un mapa en el que la decisión de dónde sentarse se vuelve sumamente importante, y en el que sólo un despistado, al subir, tomaría el asiento más cercano disponible. Pero esa distracción tiene consecuencias, que hay que corregir tan pronto sea posible. Nunca se sabe cuándo, de entre los pasajeros, saltarán ojos acechantes, persistentes, que se multiplicarán y rodearán hasta volverse una bandada de aves de rapiña esperando huir o adelantar tu bajada. A ver qué pasa primero.

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