Parquímetros: tan mágicos como insufribles

Por Gerardo Bonilla, @gsbonilla , 15 de abril de 2013

El pasado lunes 25 de marzo desperté con un pendiente adicional a mi rutinario inicio de semana. Unos minutos antes de las ocho de la mañana bajé a depositar unas monedas en el parquímetro de la calle de Sinaloa, en la colonia Roma, Ciudad de México. Desde que abrí la puerta del edificio pude percibir un ambiente diferente. Las calles estaban semivacías, pocos vehículos aparcados en la calle, ningún franelero ni huacales o botes separando lugares de estacionamiento. Reconocí a algunos de mis vecinos, todos habíamos salido a lo mismo, evitar infracciones mediante el puntual pago de tiempo de estacionamiento. Nadie se quejó, por el contrario, todos los comentarios eran positivos. La pregunta que rondaba era: ¿a dónde se habrán ido los franeleros? No tardó quien tajantemente afirmó: seguramente están del otro lado de Insurgentes, ahí ganó el NO a los parquímetros. La impecable lógica de la respuesta fue secundada por un silencio afirmativo.

En el puesto de periódicos de la esquina, el encargado me atendió como de costumbre, pero a su habitual saludo agregó en tono de queja “ya empezaron a cobrar”, hecho al que atribuyó la ausencia de los franeleros, sus amigos, como me hizo saber. Pagué, recibí los periódicos y antes de dar media vuelta me preguntó: ¿usted qué piensa de todo esto? Le respondí con otra pregunta: ¿a poco no se ven mejor las calles con lugares de estacionamiento disponibles? Respondió: “pues eso sí, hasta menos ruido hay, pero parece que los carros y los viene-viene desaparecieron por arte de magia”. Sin pensar le dije: es la magia de las políticas públicas. Se quedó perplejo, pero asintió.

Relatar esta anécdota tiene el propósito de ilustrar los aspectos positivos de una medida que era necesaria y adecuada para ordenar el espacio público en la zona. Pero también vale la pena dar cuenta del empedrado camino que hay que recorrer para obtener un permiso de residente y no pagar por estacionarse en la zona. Sin problematizar sobre la (in)justicia que puede representar este tipo de excepciones, hay que decir que en las audiencias públicas hubo un acuerdo. La Autoridad del Espacio Público lo expresó a manera de slogan como “los vecinos NO pagan”. En este sentido, se puede decir que fueron sensibles a las demandas de los residentes que se quejaban de no contar con cocheras suficientes en sus edificios. También atendieron positivamente la petición de simplificar el procedimiento para la obtención de los permisos, recortaron la lista de requisitos a identificación oficial, tarjeta de circulación, comprobante de domicilio, el llenado de un formato y la firma de una carta compromiso. Sin duda alguna ha habido buena voluntad de parte de las autoridades. Aun así, el proceso de tramitación del permiso está siendo costoso tanto para los solicitantes como para la autoridad. Relato mi historia para ejemplificar algunas fallas en el proceso.

El 6 de marzo del presente año se anunció que la fase pre operativa de los parquímetros en la zona Roma Norte e Hipódromo iniciaría el 11 de marzo y a partir del 25 se empezaría a cobrar y, en su caso, a sancionar. Por más que revisé las notas de prensa y la página de EcoParq no encontré información sobre fechas y requisitos para la tramitación de los permisos de residente. El módulo de información que instalaron en la Fuente de la Cibeles estaba vacío y fue hasta el 11 de marzo que en la entrada del edificio colocaron una circular firmada por el Titular de la Autoridad del Espacio Público, fechada el 21 de febrero de 2013, con información general sobre el funcionamiento de los parquímetros y en específico sobre los permisos de residente.

Por fin tenía la información que necesitaba, reuní mis documentos e intenté realizar mi cita a través de www.ecoparq.com.mx tal como lo indicaba el documento oficial. No pude ingresar mis datos ya que varias opciones no se desplegaban correctamente, después de un par de llamadas a las oficinas de EcoParq -donde me dieron información incorrecta sobre el navegador que requería- y varios cambios de computadora logré obtener una cita para el 21 de marzo. Asumí, dado que en el portal no daban más información sobre el trámite, que tendría mi permiso antes de que empezara la etapa operativa de los parquímetros. Mayúsculo error, de eso me daría cuenta el día de la cita.

Llegué puntual a las oficinas de Insurgentes Centro No. 149, me registré y subí al primer piso donde me encontré una fila de siete personas. Uno supondría que si saca cita y le dan un horario específico no tendría razón para formarse en una línea, sino esperar a ser llamado. Me percaté de que había al menos cuatro personas citadas a la misma hora y sólo había dos empleados atendiendo. Después de esperar una hora y cuarto tocó mi turno. Me indicaron que mi tarjeta de circulación no podía ser válida porque no estaba a mi nombre. Les enseñé la factura endosada a mi nombre y expliqué que el vehículo estaba registrado en otro estado y en la Secretaría de Transportes y Vialidad (SETRAVI) me informaron que requería hacer tres trámites y “mucha paciencia” (no es broma) para darlo de alta en el DF. Les enseñé el formato llenado del primero, cuya resolución tarda 30 días hábiles. Hasta aquí ya me quedaba claro que la “integralidad” de la que hablaron las autoridades en las audiencias públicas estaba muy lejana de la realidad.

Continuamos con la revisión de los documentos, firmé la carta compromiso y me informaron que necesitaba un documento adicional: una carta de la administradora del edificio, dirigida a la Autoridad del Espacio Público, donde declarara que mi departamento no cuenta con lugar de estacionamiento. Ah, y por cualquier cosa, que le agregara una copia de la identificación oficial de la administradora. Me quejé de que no especificaran ese requisito en el portal de internet o en la circular. Me corrigieron indicándome que no era un “requisito formal” toda vez que no lo estipulaba el reglamento sino que era un “documento adicional” para reforzar la solicitud. Terminada la clase de semántica y de derecho administrativo me entregaron un comprobante de la solicitud y me indicaron que el siguiente paso era la realización de una visita domiciliaria que tendría lugar el 19 de abril, entre las 15:00 y 19:00 horas. El objetivo era que personal de EcoParq verificara directamente que el departamento no tuviera lugar de estacionamiento y que los datos de la documentación correspondieran. En mi descargo, me informaron que no era necesario que estuviera presente, pero que si coincidía, les podía mandar con ellos la carta de la administradora.

Me queda claro que la desconfianza cuesta tiempo y dinero y si los candados y verificaciones se realizan de manera desordenada el costo se eleva. ¿Para qué realizar una visita por solicitante y no por inmueble? Al menos a mi edificio tendrán que venir tres o más veces, cuando podrían obtener la misma información con una sola visita. Me consta que el personal encargado de la recepción de documentos procura atender de la manera más atenta. Según pude escuchar, incluso se saltan la hora de comida con tal de atender a la mayor cantidad de solicitantes posibles en el horario laboral. En estos días he visto a los verificadores, bien ataviados con sus chalecos de EcoParq, entrar y salir varias veces del mismo edificio. ¿A poco no se podría simplificar este proceso y destinar más personal a la atención de los solicitantes? Exentarnos de pago, mediante la tramitación de un permiso a los residentes, no es un favor o una dádiva, fue un acuerdo y es un servicio público que brinda la autoridad.

Es evidente que la prioridad de EcoParq no es expedir los permisos de residentes, sino recaudar y ordenar las calles. No está mal, es la lógica de los parquímetros, sin embargo, mejorar el procedimiento nos beneficia a todos.

Un parquímetro y una estación de Ecobici a un costado del Parque México, en la zona conocida como Roma-Condesa, Ciudad de México. Foto extraída del Facebook de Karina Licea.

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