Inés Alveano

Bicibús o bicicamión. Parte 1 ¿Qué es?

Por , @inesalag , 6 de noviembre de 2012

“Se nota que te divertiste”, dijo una de mis sinodales en la presentación de mi tesis de licenciatura. Y como si ello hubiera sido más una recomendación, que una atinada observación,  lo seguí haciendo durante el proyecto para la titulación de la maestría.

Llevé a niños y niñas de primaria a su escuela, en bicicleta. La estrategia que utilicé (dado que no podía yo cargarlos a todos en la mía, ni usando un remolque), fue un “ciclobus” o “bicibus”.  Ya no recuerdo el manual de donde saqué la idea, y aunque seguramente era europeo (como bien intuye Angel Verdugo cuando dice que los ciclistas nos creemos parisinos. Allá sí respetan a los ciclistas), me sirvió perfecto para esa ciudad mexicana tan bondadosa que es Colima.

Bicibús. El sólo nombre ya nos da una idea, pero prefiero aclarar de qué se trata antes de proseguir: se define una ruta con los “usuarios” o participantes; idealmente el que vive más lejos arranca (si es un menor, lo mejor es que vaya acompañado de un adulto) y los demás se le unen en el camino, en diversas “estaciones” con horarios previamente determinados).  Se avanza de dos en dos, y se utiliza un carril completo de la calle.  Lo largo de este “bicicamión” lo determina el número de “pasajeros” en sus bicicletas.  Al llegar a la escuela, los niños amarran sus bicis en una zona y no las tocan durante toda la mañana.  A la hora de la salida, se hace el recorrido de regreso, comenzando por la estación o “parada” del que vive más cerca.

Tantas cosas lindas sucedieron en el proceso de promover un estilo de vida saludable en los niños (la movilidad activa como esta, previene la obesidad), que no sé por dónde empezar.

Una niña de 8 años que ya tenía el permiso firmado, la capacitación para ir con seguridad en bici y cuya dirección había sido agregada a la ruta, no se presentó el primer día (ni el segundo, ni el tercero…). Resultó que había mandado a arreglar su bicicleta -rosita y pequeña- expresamente para nuestro proyecto y en algún momento de extrema conciencia, creatividad y sensatez,  y mitad del proyecto, su padre decidió que sería un buen medio para irse a trabajar y ahorrar el costo del transporte público. Él la usó desde ese momento. Dulce resultado para mí, triste para la nena.

Una vecina (madre de uno de los participantes) me interceptó para decirme que desde que su hijo se iba en bicicleta a la escuela, ella no tenía que pelear con él cada mañana para que estuviera listo a tiempo.  Era el primero de la mañana y aunque la hora de entrada es 8am, él estaba puntual para el bicibús desde las 7:20.

Acabaron siendo mejores amigos una niña y un niño que eran vecinos y rara vez antes del bicibús se habían hablado o relacionado. Resultó que al ir mano a mano en su bicicleta, resolvieron los afectos que les impedían darse cuenta que se podían caer bien.

No faltaron aplausos ni burlas (sorprendente, al mismo tiempo) de parte de niños y niñas de secundaria que nos vieron pasar desde su plantel. Creo que los primeros sonaron más fuerte que las demostraciones de rechazo, lo que impidió que el ánimo del grupo decayera. Y realmente me maravilló ver las valoraciones antitéticas que pueden hacer poblaciones homogéneas de adolescentes sobre un mismo acontecimiento.

No me da orgullo aceptarlo, dado que se trata de un pequeño fraude, pero un niño falsificó la firma de su madre, para poder participar en los traslados. Tal era su deseo de formar parte.

Tuve que enseñar a andar en bicicleta a una de las niñas que participaría. Su madre lo había intentado una y otra vez, sin lograrlo. Lo particular del caso, es que gracias a las clases y quizás a la práctica intensiva una vez aprendido el oficio, la niña bajó de peso.  Toda su familia padece obesidad crónica.

La anécdota que recuerdo con más cariño de todas, es de la niña que vivía frente a la escuela.  Siempre que daba la hora de salir de clases, iba por su bicicleta y se unía al bicibús a acercar a todos los niños a sus casas. A ella la acompañaba yo de regreso.

El grupo del bicibús o bicicamión de Colima, México

Todos los niños y niñas participantes subieron de calificaciones. Y más de uno se dio cuenta de que la bicicleta no es sólo el mejor juguete del mundo, sino que también es una alternativa de transporte, como DE HECHO dice en los libros de texto públicos.

Agradezco infinitamente a la escuela pública Heliodoro Silva Palacios de la amable ciudad de Colima: a la directora y a los maestros que vieron en mí más que un bicho raro y me permitieron llevar a cabo ese ensayo, que es muestra de que un mundo más sano, divertido y amable es posible. Aprecio infinitamente también el apoyo del director de tránsito de Colima, quien nos prestó una patrulla para mayor protección de los niños, por ser el contingente algo demasiado nuevo para los automovilistas.

Continúa… Bicibús 2. ¡Espéralo!

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