La ciudad sobre el lago

Luis Zambrano

Suelo de Conservación, no sólo un área de juegos

Por , @ZambranoAxolote , 13 de febrero de 2012

Recuerdo que de niño, en una noche de viernes, mis papás les comentaban a unos tíos sobre un sitio que habían descubierto para hacer un picnic, se llamaba El Ajusco. Comentaban que no estaba tan lejos de la ciudad y que era seguro pasar el día ahí. Ese fin de semana fuimos a conocer la montaña y quizá fue uno de los días que marcó mi ruta hacia la biología. Cerca está el Valle de Zacatonales, zona caracterizada por una montaña alta que la habita, y un poco más abajo, por bosques de pinos, salpicados por piedras que han sido intervenidas con grafiti del tipo “Juan estuvo aquí” o “Te amo Gloria”. Era la combinación perfecta entre un lugar natural y uno que ya había recibido los embates de la urbanización.

Hoy en día no se cumple ninguna de las dos condiciones que motivaron a mis padres a ir: ya no está tan lejos de la ciudad, está en la ciudad y ya no es nada seguro ir ahí. ¿Que pasó en tan pocas décadas?

Mi explicación es esta cultura, que desprecia lo natural y que nos invadió de manera inmisericorde. Los capitalinos vemos a los bosques como áreas de entretenimiento, como sitios ideales para jugar gotcha, montar una cuatri-moto o echarse unas quesadillas, amortiguando el frío con unas chelas o de perdida, un café. Nunca nos fijamos en los árboles o si hay animales.

Bajo esta conciencia colectiva, es muy explicable porque no existe una indignación social, mucho menos una respuesta organizada contra la creciente invasión urbana a los bosques.

Pero estos bosques siguen siendo una pieza fundamental para que la ciudad subsista. Son tan importantes, que están protegidos legalmente al estar dentro de la categoría de Suelo de Conservación, definido en el Programa General de Ordenamiento Ecológico del DF -PGOEDF-. Este suelo de conservación abarca cerca del 59% del DF y de manera increíble, la categoría se hizo oficial hasta el año 2000, aun cuando desde los setenta -cuando mis padres descubrieron el Ajusco- se habían comenzado a buscar formas legales de mantener estos bosques.

Con todo y categorización legal, seguimos viendo la invasión capitalina hacia ellos. Tan solo de 2005 a 2009, este Suelo de Conservación cedió 15% su área a la urbe. Y para sorpresa de muchos, la invasión fue generada por todas las clases sociales, desde aquellos grupos clientelares a los que les prometen vivienda a cambio de voto, hasta esas unidades habitacionales lujosas y exclusivas, que prometen “vivir a un lado del bosque” -que pronto desaparecerá-.

¿Por qué preocuparnos si solo estamos perdiendo terrenos para el gotcha? Como lo comentaba anteriormente, la importancia de estos bosques va más allá del entretenimiento, principalmente por su papel como captador de agua para el acuífero, del cual tomamos agua los capitalinos, de ahí viene el 70% del agua que consumimos en la Ciudad de México.

Según la Secretaría de Medio Ambiente del DF, en un reporte del año 2000, en el Suelo de Conservación llueven cerca de 50 metros cúbicos por segundo. Un metro cúbico es como un tinaco normal, ¡mil litros de agua! En promedio llueven unos 50 tinacos por segundo en el Suelo de Conservación, y aunque en el DF consumimos unos 35 tinacos por segundo, sólo se infiltra un poco menos de la mitad de lo que usamos, es decir, alrededor de 17 tinacos.

Ahora bien, no toda el agua de lluvia en el suelo de conservación se infiltra, parte del agua escurre y otra se evapora. En las zonas con suelos impermeables el agua no se va directamente al subsuelo, sino que forma ríos si el terreno es escarpado, es decir, si es un plano inclinado, y lagos si el terreno es un valle. El río de la Magdalena es un buen ejemplo de las zonas escarpadas, mientras que el lago de Xochimilco es el ejemplo del lago, agua en el valle.

En las zonas con suelos permeables, como la zona del Chichinautzin y las faldas del Ajusco, el agua entra más fácil al acuífero. Estas son de vital importancia para su recarga.

Los árboles que conforman un bosque tienen un papel central para que el agua juegue a nuestro favor, en lugar de ser nuestro enemigo. La vegetación detiene la velocidad del agua en una lluvia. Un bosque va deteniendo el agua desde la copa de los árboles, con las hojas y los troncos, además, el suelo boscoso atrapa el agua, puesto que es una mezcla de hojas, hongos, raíces y plantas, la cual funciona como una esponja. Así, la lluvia torrencial se va frenando, dándole tiempo al subsuelo de recibir el agua poco a poco, para la infiltración al acuífero.

Debajo de la esponja, está el suelo permeable o impermeable. En un suelo impermeable el agua sí se drena, pero con el tiempo en los lagos o con el rumbo ríos, estos últimos, si están saludables, también reducen la velocidad del caudal que provocan las lluvias, pues nunca son rectos y siempre tienen plantas dentro y alrededor de ellos, además, van purificando el agua porque funcionan como filtros, que mediante sus rocas y plantas también retienen los contaminantes y mejoran la calidad del agua.

En los suelos-esponja también se retiene, durante varios meses, agua para el río, que va drenándose a él poco a poco. Así, el río tendrá agua aún cuando no llueva. Por el contrario, una región urbanizada impide que el agua se retenga, corriendo de manera acelerada por el pavimento o por el drenaje sin ningún obstáculo. En menos de dos horas llega a las zonas bajas del territorio, que irremediablemente se inundan. Cualquier persona que haya estado en la carretera Picacho-Ajusco, en una lluvia moderada, lo ha visto. El caudaloso río sobre la carretera es el resultado de las aguas que, en lugar de detenerse, gracias al suelo absorbente de un bosque, corren libres por las tuberías de desagüe de las casas y por el asfalto. La consecuencia es una constante inundación en el paso a desnivel de Periférico y en otras zonas de la ciudad.

Pero el agua no es el único servicio el que nos provee este ecosistema, designado ante la ley como Suelo de Conservación, este elemento también regula el clima, lo que hace que los inviernos sean menos fríos y la época de secas menos caliente, y de la misma forma que reduce la velocidad del agua, reduce la velocidad del viento, por lo tanto los bosques reducen tolvaneras, o remolinos de polvo en la ciudad.

Por si fuera poco, los bosques resguardan gran biodiversidad, especies animales y plantas, lo que puede sonar poco práctico en una sociedad donde lo importante es el crecimiento económico y no la calidad de vida. Pero la diversidad está directamente ligada a nuestra cultura y es nuestro capital natural, necesario para la conservación de ecosistemas como el bosque y por lo tanto, para nuestro bienestar.

Si queremos tener agua en el futuro y reducir las inundaciones en el largo plazo, no podemos permitir que esta región siga urbanizándose a la deriva de líderes invasores o de constructoras elitistas. El buen uso del Suelo de Conservación no sólo nos permitirá echarnos unas quesadillas de sesos y de huitlacoche sin tener que viajar hasta Oaxaca, también nos garantizará agua para el futuro.

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