Supervía: el debate necesario

Por Areli Carreón, @Areli Biciteka , 9 de agosto de 2012

Te agradezco Maximiliano Reyes, tu respuesta y argumentos sobre la Supervía. Este debate indispensable es una deuda que el gobierno de la ciudad tiene con nosotros, los ciudadanos.Al igual que el segundo piso, la Supervía es una obra que se decidió en las oficinas de la Jefatura de gobierno, sin presentar sustento técnico para justificar su construcción. La percepción generalizada del caos vial para entrar y salir de Santa Fe parece, aún hoy, argumento suficiente. Pero no lo es: numerosos estudios proveen de evidencia científica que demuestra que construir mayor superficie de rodamiento NO resuelve el conflicto vial en el largo plazo e incluso lo agrava, al inducir más tránsito, fenómeno que es altamente conocido por quienes conocen del tema. Además de que se ha abordado el tema de la alta ineficiencia que tendrá el transporte público que se pretende que pase por ahí, además de que se han explorado propuestas como esta y esta.

Los posibles beneficios de la Supervía en aumentos de velocidad vial desaparecen rápidamente, frente al mayor uso del auto en la zona, atraído por la existencia de dichas obras y su promesa de rapidez. La reducida velocidad y la congestión de los actuales segundos pisos en Periférico lo demuestran fehacientemente. El retorno de la inversión en esta obra, no justifica su construcción. En lenguaje coloquial: sale más caro el caldo que las albóndigas.

Foros, consejos de expertos, artículos, comunicaciones directas y la acción organizada de los vecinos que serán afectados directamente por la Supervía no bastaron. Lejos de aprovechar estos insumos para diseñar una solución real e innovadora de largo plazo, el gobierno decidió aplicar la misma medicina que tiene a la ciudad al borde del colapso: invertir la potencia gubernamental en darle más espacio a los coches, ignorando y agrediendo los derechos humanos de vecinos, destruyendo zonas arboladas de importancia ambiental, crucial para la sostenibilidad de la ciudad y poniendo en entredicho el compromiso de esta administración con una ciudad “de vanguardia”, que supuestamente apuesta por una movilidad más sustentable.

Los motivos electorales y financieros que sostienen esta decisión, seguramente juegan un papel relevante. Nos queda el malestar de una obra inútil a la larga, impuesta sin sustento y sin consenso, apoyada sin chistar, por el conjunto de los funcionarios públicos y representantes populares que no se atrevieron a actuar de manera independiente de la oficina de la Jefatura de gobierno. Si la Supervía es una obra que “va porque va”, es indispensable que todos los procesos dentro de una democracia se hagan conforme a la ley y el respeto a los derechos humanos, sin mentiras, golpes y acoso policial para sus objetores.

La Comisión de Derechos Humanos del DF y la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial a cargo de Diana Ponce, intentaron ser un contrapeso hasta donde alcanzan sus limitadas atribuciones legales. Tanto funcionarios, Asamblea Legislativa, como la oposición partidaria en la ciudad omitieron opinar al respecto: unos por apoyar inobjetablemente a Ebrard y otros por compartir la idea falsa de que esta obra es necesaria, irrenunciable o la única posible. Si la Supervía no se convirtió en el Waterloo de Marcelo en estas elecciones, como apuntó Sergio Aguayo, es porque tanto el PRI como el PAN apoyan dicha obra -y propusieron candidatas poco competitivas-. Se engañan quienes creen que los ciudadanos no nos damos cuenta o que no nos importa ser gobernados así.

El pronóstico que muchos expertos y asociaciones ciudadanas compartimos, es que la Supervía se congestionará en breve tiempo y que no reducirá el tiempo de traslado, ni mejorará la competitividad del poniente de la ciudad.

La Supervía es, como bien apuntas, solo una pequeña parte de la Autopista Urbana, que según tus propias palabras, “complementa obras viales como el Circuito Exterior Mexiquense que ya permite llegar del oriente del Estado de México al poniente sin tener que cruzar el Distrito Federal.” A pesar de que esta propuesta impacta al conjunto de la zona metropolitana del valle de México, no fue analizada , planeada, ni consensada a escala metropolitana, con una visión de largo plazo.

Visita el sitio de esta obra vial en supervia.mx

¿En dónde se albergarán a miles de autos provenientes de la zona conurbada, si el espacio de circulación del DF es finito y está por llegar al límite de su capacidad? ¿De qué servirá llegar a gran velocidad a calles cuyo promedio de velocidad es de 15 kms por hora, a causa de la cantidad de autos privados en circulación? ¿No sería mejor comenzar a construir un sistema de transporte público y de carga eficiente entre todas las entidades del centro del país, para desincentivar el uso irracional del automóvil privado? ¿No es esto lo que esperaríamos de un alcalde y una Asamblea Legislativa comprometidos con la lucha contra el cambio climático y a favor de la movilidad sustentable? Todas estas preguntas son interrogantes que extendemos al Jefe de gobierno electo, Miguel Mancera, a los delegados y asambleístas electos.

La Supervía y la autopista urbana no complementan a la línea 12 del Metro, las líneas de Metrobús, las ciclovías y la Ecobici. Son propuestas contrarias, mutuamente excluyentes. Es indispensable una política pública de movilidad congruente, de largo plazo, para construir la ciudad humana en la que aspiramos a vivir.

Independientemente de las opiniones a favor y en contra de la Supervía, es inaceptable construir ciudad a empujones y golpes, ignorando los derechos humanos de los habitantes de la ciudad. Este debate es una materia pendiente. Los que anhelamos y trabajamos por una ciudad democrática y sustentable necesitamos respuestas.

Te saludamos cordialmente.

Areli Carreón, la autora de este artículo, es Presidenta del consejo directivo de Bicitekas, A.C.

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