Traspiés de la participación: el caso parquímetros

Por Felipe Herrera Domínguez, @fipiax , 22 de abril de 2013

¿Qué tienen en común los casos de los parquímetros en las zonas Roma y Condesa, la Glorieta de las Quinceañeras y la reforma de la Avenida Diagonal en Barcelona? La respuesta es sencilla, cada vez es más común que una reforma urbanística de gran calado esté acompañada de una situación conflictiva entre los vecinos y la administración pública, lejos nos quedan ya los tiempos en donde las transformaciones urbanas era asumidas pasivamente por los ciudadanos.

Pueden haber varias explicaciones para esta nueva tendencia, pero desde mi perspectiva podemos encontrar tres elementos que favorecen tal conflictividad: el primero es la desconfianza de los ciudadanos a los políticos y, por lo tanto, de sus proyectos urbanos. El segundo es que la sociedad está cada vez más informada y por lo tanto tiene una opinión más concreta sobre los problemas de la ciudad. Finalmente, con las nuevas tecnologías sociales, se tienen más canales para manifestar una disconformidad facilitando la creación de una comunidad de opinión.

Esta nueva conflictividad ha tomado a los gobiernos por sorpresa y por lo tanto han respondido improvisadamente, ya sea mediante enfrentamientos  directos a los grupos opositores del proyecto, o en otros casos, optando por improvisar mecanismos participativos. Considero que ambas soluciones conllevan a una forma errónea de enfrentarse a una situación conflictiva.

Explicaré esto más detalladamente. En el primer tipo de respuestas, el gobierno local reconoce que hay un conflicto, pero aun así decide seguir adelante con su proyecto. Esta ha sido la forma de tradicional de operar de los gobiernos locales y ejemplos hay muchos, pero sin irnos muy lejos, el caso de la glorieta de las quinceañeras nos puede servir para ilustrar este tipo de actuaciones.

En el segundo tipo de respuestas, el gobierno local decide no conflictuar o al menos evitar al máximo el conflicto con los vecinos opuestos a su proyecto. La solución más común a esta situación es recurrir a procesos participativos urgentes y puntuales. Estos procesos participativos en su mayoría lanzan el siguiente mensaje contradictorio a los ciudadanos, tengo una decisión tomada pero igual hago un proceso participativo para que opines. Esta situación desarma el proceso participativo, ya que en la práctica, desempodera a todos, por un lado al gobierno que no asume una responsabilidad, y por otro lado a la sociedad, que entiende que le preguntan por algo que ya tiene respuesta.

El caso paradigmático de esta situación es la consulta de 2010 sobre la reforma de la Avenida Diagonal de Barcelona, donde el equipo de gobierno quiso evitar conflictos y llamó a una consulta para elegir entre dos propuestas cerradas y la opción de no hacer nada. Esta forma de eludir el conflicto provocó que, en su gran mayoría, la gente rechazara cualquier cambio en la diagonal, perdiéndose una gran oportunidad para hacer un proyecto necesario en una vía vital para Barcelona.

La consulta sobre parquímetros que se hace en las colonias Roma y Condesa repitió los mismos errores que la consulta de la Diagonal, ya que el gobierno local no ve la participación como un mecanismo para gestionar un conflicto, sino como una forma de evitarlo. El gobierno de la ciudad está más preocupado por no conflictuar que por resolver los problemas de movilidad de ambas colonias. Sin embargo la solución al problema se posterga, el conflicto sigue estando ahí y el gobierno de la ciudad se encuentra ahora en una situación más complicada que antes de la consulta.

Muy al contrario de lo que se está haciendo, los gobiernos locales deben de asumir la conflictividad como parte de su labor de gobernar y a los procesos participativos como una herramienta de largo plazo, para diseñar políticas públicas en situaciones conflictivas.

En el DF estamos ante una gran oportunidad de dar continuidad a un proceso participativo para solucionar los problemas de movilidad de las dos zonas, Roma y Condesa, pero siempre y cuando el gobierno de la ciudad asuma que existe un conflicto que hay que gestionar -resolver y no evitar-, que, en consecuencia, los vecinos entiendan que son corresponsables de la solución, ya que compartir una decisión también implica compartir sus consecuencias y finalmente, debemos de entender que cuando llamamos a la sociedad civil a participar estamos iniciando un proceso dialogante y creativo, que nos facilitará ver toda la complejidad de un problema, y por lo tanto, que la solución es más integral y compleja que un sí contra un no.

Felipe Herrera Domínguez, el autor de este artículo, es facilitador comunitario.

Temas: , , , , , , , , , ,